jueves, 27 de marzo de 2008

12 Congreso PSM. Discurso facilitado por los miembros de la candidatura de Tomás Gómez




Compañeras y compañeros,
(Conocemos los problemas de la gente)
En toda España, todos los candidatos de todos nuestros congresos, tienen que abordar, en algún momento de su discurso, las dificultades que vive el país y que vive el partido.
Unas dificultades que traspasan los términos municipales de los pueblos y de las ciudades, que atraviesan los límites de las Comunidades Autónomas, y que saltan las fronteras de los países.
Aquí y allá decimos palabras como crisis, paro y dificultades; palabras que suenan duras; decimos palabras como país y partido que suenan grandes. Palabras duras, palabras grandes.
Palabras que se entienden mejor cuando las traducimos a la vida vivida por la gente.
Cuando traducimos país, por la gente que se desvive cada día para ganarse la vida, se entienden mejor lo que significan las palabras crisis, paro, desprotección, cuando se traducen a las historias de vida de la gente que nos rodea, a la más cercana.
Entonces, cuando traducimos a la vida de la gente, de nuestra gente, las estadísticas oficiales, los titulares de los medios de comunicación, los discursos políticos; los números se vuelven nombres.
Y el parado es tu hermano, tu padre o tu hija, o el parado es cualquiera de nosotros. Entonces te enteras de que a tu compañera de trabajo le han dado cita en el hospital para el 2013. La cita es para dentro de un año, pero la angustia y la incertidumbre son desde ahora mismo.
Ser pobre, en cualquier lugar del mundo, es tener que esperar; y en el Madrid de Esperanza Aguirre y Rajoy hay cada vez más colas de espera.
Del conocimiento directo de ese estado de cosas, de la rebeldía contra ese estado de cosas, los socialistas madrileños hemos construido, con humildad pero con insistencia, una mayoría.
Una mayoría de trabajo constante, que ha sido capaz de articular una respuesta política que se reconoce en las respuestas más avanzadas de la socialdemocracia europea.
(Las políticas de la derecha están arrasando con los proyectos personales y colectivos)
Todo el país asiste al duro espectáculo de ver cómo se degrada la democracia.
En las instituciones pero también en la calle.
Durante años la derecha ha bloqueado la renovación democrática del poder judicial. Ahora, con su mayoría absoluta le ha quitado a la democracia un poder del Estado, el gobierno de la justicia, y se lo ha entregado a una corporación profesional: la de los jueces.
La cultura del diálogo que ha caracterizado nuestras relaciones laborales desde los Pactos de la Moncloa, ha sido sustituida por la cultura de la imposición por decreto. Tres décadas de consenso y de paz social arrasadas por una mayoría absoluta del PP.
Los jóvenes han visto como, en un mismo movimiento, les son recortados sus derechos educativos y sus libertades cívicas.
Porque la derecha no quiere protestas.
La derecha no quiere que la gente se encuentre en la calle, que comparta con otra gente lo que vive y lo que piensa.
La derecha quiere privatizar todo el espacio público y lo ha sustituido por sus medios de comunicación.
La derecha quiere que cada uno sienta el paro, la precariedad, la incertidumbre ante el futuro, como la penitencia por un pecado personal, en lugar de cómo una injusticia contra la que hay que rebelarse.
La derecha quiere a la gente en su casa, sentada frente a la TDT, recibiendo cada día una dosis de ideología que los culpabilice de su situación y que los obligue a aceptar las políticas del gobierno no sólo como buenas, sino como las únicas posibles.
(Pero la gente con problemas no nos vota)
Y es entonces cuando se entiende bien esa mezcla de decepción y de rabia, de rebeldía y de impotencia, que llena el ánimo y el desánimo de tanta gente, de cada día más gente en esta sociedad.
Esa mezcla que es un combustible que arde dentro da cada uno y que se lleva las mejores energías de nuestra sociedad. Un combustible que consume mucho y que mueve poco.
Contra la intuición de muchos, contra lo que algunos esperan, crecen los problemas de la gente y no crece la fuerza de la izquierda.
Cuesta entender, por qué todo ese combustible, toda esa rebeldía, toda esa conciencia de injusticia, toda esa necesidad de cambio y transformación social, se pierde, sin llegar a ese motor de cambio y de justicia social, que es el Partido Socialista Obrero Español.
Nos preguntamos una y otra vez por qué toda esa energía se queda en las calles y no llega a las urnas,
por qué se embolsa en las plazas y no llega a las agrupaciones,
por qué una buena parte de toda esa fuerza no se convierte en trabajo, en ese trabajo que cambia el mundo.
Canalizar esa energía en un proyecto político fecundo es el empeño de la mayoría de los socialistas y de las socialistas madrileños. Una mayoría que durante estos años se ha ido haciendo más grande, con trabajo, con ideas, con generosidad.
Y ese es el camino que debemos seguir.
(Nuestros mejores compañeros dicen que no hay una solución sencilla)
Llevo más de media vida en este partido, y sé bien que el PSM está lleno de compañeros y compañeras muy valiosos. No he dejado ni un solo día de hablar con compañeros y compañeras que son un ejemplo y una guía para todos.
Gente sabia y leal, que quiere lo mejor para nuestro partido.
Gente experimentada, que un día obtuvo triunfos importantes, que hizo políticas que todos recordamos, gente que convirtió pueblos en ciudades, que convirtió lugares pensados para almacenar gente, en lugares para vivir con dignidad.
Este partido tiene mucha gente así y esa gente, que es grande, es humilde. Se les conoce porque fueron capaces de cambiar muchas cosas, ahora no tienen respuesta para todo; porque en este tiempo de dificultad, ellos también tienen más preguntas que respuestas, porque saben que las soluciones no son fáciles, y que, en todo caso, requieren tiempo y esfuerzo.
(Aunque los hay que tienen una solución para todo)
Es cierto que hay otros que tiene respuesta para todo.
Que siempre tienen soluciones sencillas para problemas complejos; soluciones instantáneas para problemas que se han formado durante años.
Gente de dentro y fuera del partido, que en el salón de su casa, saca el capote o la pizarra, y es capaz de resolver los problemas de todos en una tarde. Pero si hay que bajar al ruedo o al campo, entonces siempre mandan a otros. Nunca bajan ellos.
Ya sabemos cuáles son sus fines, pero yo me pregunto
¿y cuál es el final de todo eso?
¿cuál es el final de esa carrera?
¿Consumirnos en una batalla en la que siempre hay alguien dispuesto a financiar un nuevo pulso a la dirección del PSM?
(Necesitamos hacer una apuesta seria y mantenerla)
¿Y para cuándo la apuesta por la siembra? ¿por el cultivo? ¿por la maduración y por la cosecha?
La derecha española, doctora en especulación, quiere dar clases de la cultura del esfuerzo. ¿De quién es la cultura del esfuerzo sino de la gente a la que representamos? ¿No somos nosotros los de la cultura del trabajo y del esfuerzo? Sí, lo somos.
Pues también en el partido.
Frente a quienes siempre nos invitan a desistir, yo os propongo que impere entre nosotros la voluntad de insistir.
Si hoy me presento es porque estoy convencido que un proyecto necesita cultivarse y madurar, que no se puede abandonar a la primera dificultad, que uno no puede ser agricultor si le aburre ver crecer la cosecha.
Y la cosecha, compañeras y compañeros, tarda en crecer.
Sobre todo cuando se pisa demasiado el sembrado.
(Hemos trabajado por construir un proyecto de la mayoría)
Durante estos años la mayoría de los socialistas madrileños hemos trabajado para construir una respuesta. También esas palabras deben traducirse a vida. A la vida de dieciocho mil personas, de dieciocho mil ciudadanos y ciudadanas, con un alto nivel de compromiso cívico, pues eso son los militantes del PSM.
Personas que, en su mayoría, nunca han tenido otro premio que la alegría de la victoria, cuando la ha habiado;
Que nunca han tenido otro privilegio que el orgullo de las conquistas políticas para todos, cuando las ha habido;
Y que en el mejor de los casos han tenido la oportunidad de poner un día su mano en la rueda de la historia, como hacéis hoy vosotros mismos, y empujarla con su decisión en un sentido o en otro.
Y esa decisión, al menos, mientras yo sea el secretario general, será respetada.
Ciertamente hemos cometido errores, y también hemos tenido derrotas.
Sin embargo hemos abierto caminos, caminos que ahora recorre todo el partido, caminos que empiezan a dar sentido y esperanza al trabajo de todos los socialistas.
(Nos organizamos para trabajar por la gente)
Es el momento de mantener la apuesta, de sembrar y cultivar, de perseverar. Finalizado este congreso, el espíritu de lealtad y de cooperación debe llevarnos a que sea el mérito, el trabajo de cada uno, lo que sea reconocido. Porque si reconocemos el trabajo, florecerá el trabajo.
Si reconocemos la presencia en la sociedad civil, en la AMPA, en el sindicato, en la empresa o en el barrio, florecerá la presencia de los socialistas en la sociedad civil, en las Asociaciones de padres y madres AMPAs, en el sindicato, en la empresa y en los barrios.
¿Sabéis lo que os digo?
Que ningún liderazgo, ni el mío ni el de nadie, podrá evitarnos todo el tiempo y todo el trabajo que requiere ganarle a la derecha. Pero podéis estar seguros de una cosa. Que se le puede ganar a la derecha.
Es en torno a esa convicción como nos hemos ido uniendo cada vez más socialistas en la Comunidad de Madrid, hasta construir un proyecto político con vocación de ser mayoritario, el proyecto del PSM.
(Los valores de la derecha son su mayor debilidad…)
La principal debilidad de la derecha no es que haya llegado al poder con mentiras, ni que se sostenga en él con mentiras, que digan que han subido las pensiones cuando los pensionistas ven como se las bajan delante de sus propios ojos.
La principal debilidad de la derecha no es que en lugar de frenar el paro, como prometió, lo esté incrementando.
La principal debilidad de la derecha es que su proyecto político se sostiene sobre valores que no son los de la mayoría social de este país y en esta Comunidad.
Su principal debilidad es que, en todas partes, la nueva derecha se sustenta sobre dos integrismos, el integrismo de la religión y el integrismo del mercado.
Sobre la intolerancia y el egoísmo.
Lo sabemos bien en Madrid.
Es así como describen a la derecha mundial los más recientes estudios: fundamentalista de la religión y del mercado, y extraordinariamente agresiva con sus adversarios políticos, sean partidos, sindicatos, o sectores de la sociedad civil. Ese es el retrato de la derecha.
Y su carácter es también su debilidad: su intransigencia, su egoísmo y su brutalidad.
La que hemos vivido durante años, y la que ahora estamos viendo que emplean con sindicalistas y estudiantes, o el rencor que todavía guardan al mundo de la cultura por su oposición a la guerra, por su ejercicio de libertad.
Esos son sus valores.
(…en una sociedad de izquierdas)
Y en esos valores está su debilidad.
Porque no son los de la mayoría de los madrileños, ni de los españoles.
Los valores de los españoles son mayoritariamente los valores del socialismo democrático.
Los españoles somos de los europeos más críticos con la hegemonía del mercado en la economía, y de los más partidarios del papel del Estado en la economía y del Estado del Bienestar.
Somos junto a los franceses y a los escandinavos los que más defendemos la separación de la Iglesia y el Estado, y de los menos partidarios de que el Estado ayude a la Iglesia.
Es bueno que se sepa, por eso la derecha trata de reducirnos al silencio.
Por eso su control cada vez mayor de los medios de comunicación, por eso la degradación de las condiciones de trabajo de los profesionales de la prensa, porque necesita silenciar a la mayoría.
Y precisamente por eso nuestra respuesta debe ser más fuerte, más valiente, porque muchos, los más, van a reconocerse en nuestras palabras y en nuestros valores.
Es en esa respuesta en la que venimos trabajando una amplia mayoría de los socialistas y las socialistas madrileños estos últimos años.
Lo hemos hecho con humildad pero con firmeza.
Cada semana, en la Asamblea de Madrid las iniciativas de los socialistas plantean políticas alternativas, y esas políticas alternativas que presentamos en cada sector, frente a cada problema, configuran cada vez de manera más clara una alternativa política a la derecha.
Una derecha que ha confundido en los últimos años nuestra voluntad de diálogo con falta de ideas, nuestra tolerancia con debilidad, nuestro respeto con ingenuidad.
Y yo os digo, dialogantes, respetuosos y tolerantes sí, pero exigiendo reciprocidad y siendo claros.
La buena educación no consiste en renunciar a lo que se es, sino en defenderlo de la mejor manera.
(Debemos hacer que se nos escuche)
Por eso va siendo hora de que con muy buena educación le digamos a la Iglesia que estamos cansados de que use la política y al Estado para imponer su moral particular.
Va siendo hora de que con muy buena educación le digamos a los que no pagan los impuestos que les corresponden, que no hay mejor declaración de amor a la patria, que la declaración a Hacienda.
Vamos a decirles con muy buena educación a los que recogen las nueces de los insultos, que la extrema derecha mediática nos dedica cada día, que no son más respetables los que gritan e insultan en los programas de televisión con todos los recursos a su disposición, que los que defienden sus derechos en la calle.
Y que mientras a unos les pagan, a otros les pegan.
Vamos a defender con muy buena educación que ningún proyecto de izquierdas puede apartarse de los valores esenciales del socialismo.
Por eso en cada iniciativa que hagamos debemos afirmar la libertad de pensamiento y de expresión, los derechos civiles y políticos, la educación crítica.
Por eso debemos defender que el poder no sólo debe estar dividido, sino que debe estar disperso en distintos niveles institucionales.
Por eso debemos sostener la igualdad entre los sexos, el laicismo, y una fiscalidad justa que impulse una economía capaz de garantizar un crecimiento sostenible y de distribuirlo con justicia entre la sociedad
(Hemos tenido nuestros propios censores)
Hay algo sobre lo que tenemos que reflexionar.
A veces dentro de nuestras propias filas hemos tenido a nuestros propios censores. Compañeros y compañeras que reclamaban prudencia cuando pedíamos medidas más justas en economía, mecanismos de vigilancia y control sobre los poderes económicos, recortes de su poder y mayor presencia del Estado.
No puede ser que la derecha asuma parte de esas medidas que algunos veían peligrosamente de izquierdas hace un año.
La prudencia que reclamaban algunos compañeros nos llevó a la inacción y al silencio.
Y la inacción y el silencio nos hizo irreconocibles para más de cuatro millones y medio de españoles.
Tenemos que ser más sólidos en la definición ideológica de nuestro proyecto, y más valientes en la aplicación del mismo, y más solidarios entre nosotros.
(Nos ocupamos de lo general y de nuestro territorio porque todo está relacionado)
Si alguien le dijera al compañero Alfredo, secretario general, que no hable de Europa, que se concentre en España, pensaríamos que esa persona no se ha enterado que los problemas de España tienen que ver con el gobierno de Europa.
Que las dificultades del socialismo español tienen que ver con las dificultades del socialismo europeo.
Cuando se nos dice que solo hablemos de Madrid es no entender que no se puede separar el destino político de los socialistas madrileños del resto de los socialistas españoles.
Y de igual manera que los socialistas españoles tratamos de impulsar medidas en el socialismo europeo que nos ayuden a todos, los socialistas madrileños venimos tratando de impulsar medidas en el socialismo español que nos ayuden a todos.
Creo que se entiende si se quiere entender.
(Con los pies en las ciudades y pueblos de Madrid)
Es verdad, tenemos la cabeza en Europa y en España, pero los pies los tenemos en la Comunidad de Madrid. Una Comunidad que hemos recorrido una y otra vez a lo largo de estos años.
Habrá quien piense que tenemos que atender más aún a los pequeños municipios, yo también lo pienso, pero ninguna dirección, nunca, ha atendido tanto a esos municipios como ésta. Desde Somosierra hasta Titulcia, desde Estremera hasta Cenicientos.
Toda esa geografía es un territorio que nosotros conocemos bien, el territorio en el que cada día millones de personas tratan de sacar adelante sus proyectos vitales, los de sus familias.
Un territorio en el que la derecha ejerce su presión ideológica y política cada día.
En el que cada día hay mucha gente que resiste y cada vez más gente que les planta cara.
Y en lo que los socialistas madrileños estamos empeñados es en que cada vez más, esa gente, cuando gire la cabeza, nos vea a su lado.
Como nos han visto a su lado los profesores, los padres, los estudiantes, que durante el inicio de curso plantaron cara a los recortes de Aguirre.
Estamos al lado de los sanitarios.
Fuimos los primeros en denunciar los recortes de plantillas de la sanidad madrileña, las listas de espera, la privatización, el copago.
Hoy muchas de esas denuncias que nosotros hicimos están asumidas por todo el colectivo sanitario de nuestra Comunidad.
Defendemos el futuro de una Comunidad como la nuestra, con las mejores universidades del país. Apostando por ellas, ayudándolas, prestigiándolas, frente a una derecha que las asfixia y las degrada. Y agrede a sus rectores.
Por eso estamos al lado de profesores y de investigadores.
Este es nuestro territorio, el que tenemos bajo nuestra responsabilidad, por eso nos hemos opuesto a la disolución del Consejo de la Mujer, porque cuando se acaba con las instituciones, se crea un espacio para la barbarie.
Estamos al lado de quienes luchan por las cosas más elementales, por el agua de todos, por el medio ambiente de todos.
Y también estamos al lado de los que pelean por cumplir lo que hemos conquistado con mucho esfuerzo, como la ley de la dependencia.
Y todo eso lo sabemos traducir a la vida, porque lo leemos cada día no sólo en los informes, sino en las caras de la gente que nos rodea.
Compañeras y compañeros,
Esta es la tercera vez que presento mi candidatura para ser Secretario General del PSM. Desde 2007 en que concurrí por primera vez me he sometido a cinco procesos internos: dos “congresillos”, unas primarias y dos congresos, además este. Una media de una elección interna cada 11 meses.
En todo ese período, solo he tenido ocasión de presentarme una vez ante los electores: en Mayo de 2011.
No puedo terminar mi intervención sin agradecer a los militantes de este partido la confianza que, una y otra vez, han depositado en mí.
Me presento para ganar. Para sacar al partido de la frustración y la derrota que hemos sufrido en Mayo y en Noviembre pasados.
No estoy pensando en como administrar nuestra derrota.
Mi horizonte es llevar al partido a la victoria en las próximas elecciones autonómicas y municipales.
Y ganar para cambiar la política que hacen los gobiernos de la derecha.
No para hacer lo mismo con otros matices. No.
Ganar para cambiar lo esencial de la política del PP.
Eso es por lo que la mayoría de nuestra federación ha venido trabajando estos últimos años. Y sí, estamos animados, porque vamos bien.
Sabemos que nuestro proyecto político conseguirá ser mayoritario en la sociedad madrileña.
Hace un año decían que en el PSM estábamos demasiado a la izquierda.
En el nuevo mapa del socialismo, resulta que donde estábamos era delante, y es ahí donde queremos seguir estando, en la delantera de las ideas del socialismo democrático.
Es ahí donde se nos espera a los socialistas madrileños, y es ahí donde, pase lo que pase hoy, estaremos todos mañana.
Muchas gracias.