miércoles, 2 de abril de 2008

Gràcies Miquel


De informáticos, homosexuales y católicos

En línea con la actual relevancia social en torno a la modificación de la legislación española sobre los matrimonios y la postura de los católicos en ella, voy a exponer mi posición aquí:
Estoy completamente a favor del permitir el matrimonio entre católicos. Me parece una injusticia y un error tratar de impedirselo.
El catolicismo no es una enfermedad. Los católicos, pese a que a muchos no les gusten o les parezcan extraños, son personas normales y deben poseer los mismos derechos que los demás, como si fueran, por ejemplo, informáticos u homosexuales.
Soy consciente de que muchos comportamientos y rasgos de carácter de las personas católicas, como su actitud casi enfermiza hacia el sexo, pueden parecernos extraños a los demás. Sé que incluso, a veces, podrían esgrimirse argumentos de salubridad pública, como su peligroso y deliberado rechazo a los preservativos. Sé también que muchas de sus costumbres, como la exhibición pública de imágenes de torturados, pueden incomodar a algunos.
Pero esto, además de ser más una imagen mediática que una realidad, no es razón para impedirles el ejercicio del matrimonio.
Algunos podrían argumentar que un matrimonio entre católicos no es un matrimonio real, porque para ellos es un ritual y un precepto religioso ante su dios, en lugar de una unión entre dos personas.
También, dado que los hijos fuera del matrimonio están gravemente condenados por la iglesia, algunos podrían considerar que permitir que los católicos se casen incrementará el número de matrimonios por "el qué dirán" o por la simple búsqueda de sexo (prohibido por su religión fuera del matrimonio), incrementando con ello la violencia en el hogar y las familias desestructuradas. Pero hay que recordar que esto no es algo que ocurra sólo en las familias católicas y que, dado que no podemos meternos en la cabeza de los demás, no debemos juzgar sus motivaciones.
Por otro lado, el decir que eso no es matrimonio y que debería ser llamado de otra forma, no es más que una forma un tanto ruín de desviar el debate a cuestiones semánticas que no vienen al caso:
Aunque sea entre católicos, un matrimonio es un matrimonio, y una familia es una familia.
Y con esta alusión a la familia paso a otro tema candente del que mi opinión, espero, no resulte demasiado radical: También estoy a favor de permitir que los católicos adopten hijos.
Algunos se escandalizarán ante una afirmación de este tipo. Es probable que alguno responda con exclamaciones del tipo de "¿Católicos adoptando hijos? ¡Esos niños podrían hacerse católicos!".
Veo ese tipo de críticas y respondo: Si bién es cierto que los hijos de católicos tienen mucha mayor probabilidad de convertirse a su vez en católicos (al contrario que, por ejemplo, ocurre en la informática o la homosexualidad), ya he argumentado antes que los católicos son personas como los demás.
Pese a las opiniones de algunos y a los indicios, no hay pruebas evidentes de que unos padres católicos estén peor preparados para educar a un hijo, ni de que el ambiente religiosamente sesgado de un hogar católico sea una influencia negativa para el niño. Además, los tribunales de adopción juzgan cada caso individualmente, y es precisamente su labor determinar la idoneidad de los padres.
En definitiva, y pese a las opiniones de algunos sectores, creo que debería permitirseles también a los católicos tanto el matrimonio como la adopción.
Exactamente igual que a los informáticos y a los homosexuales."
--
Miquel Villanueva i Margalef
Departament d'Economia i Ciències Socials Universitat Politècnica de València

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo que hay que prohibir de una vez es el matrimonio y dejarse de zarandajas

Javivi dijo...

Como soy una persona tolerante y creo en la igualdad de derechos de las personas, yo también estoy a favor de que los católicos se casen y adopten niños. Eso sí, me sorprende que haya una facción de católicos que reniega de sus derechos. Se trata de los más radicales y, aunque en las enseñanzas católicas el matrimonio sea una institución, no quieren ejercer el derecho al matrimonio ni a ser padres o madres. Hace varias décadas, a estas personas se les reconocía fácilmente ya solían vestir el mismo atuendo. Iban con sotana negra y alzacuellos en el caso de los hombres y una especie de vestido, generalmente de color oscuro y pañuelo en la cabeza, en el caso de las mujeres. Sin embargo ahora han relajado sus estrictas normas y algunos se confunden con el resto de las personas, no se si bien en un intento de acercamiento a la sociedad o por que, como muchas personas de esta sociedad moderna, han sucumbido a la moda de vestir pantalones vaqueros y polos Ralph Lauren.
Lo segundo que me sorprende de esta facción de católicos radicales es, que aunque se autoprohíben ejercer estos derechos, ellos mismos animan a los católicos más moderados al matrimonio. En mi modesta opinión, carece de toda lógica que una persona quiera para los demás, algo que ella misma no está dispuesta a hacer. Esto me lleva a preguntarme, ¿es compatible la lógica con la religión? Yo creo que no.