miércoles, 24 de septiembre de 2008

Los vascos, Sr. Ibarretxe, no se merecen que unos gangsters maten en nombre de la libertad de Euskadi

Arnaldo Otegi no ha abierto aún la boca para condenar -sin paliativo alguno- el asesinato de Luis Conde de la Cruz, brigada del Ejército español, así como los atentados de ETA tanto en Vitoria como en Santoña. ¿Ahora, después de la nueva exhibición de barbarie etarra, a qué espera usted, Sr, Otegi, para pronunciarse? Salió hace poco menos de un mes de la cárcel, tras cumplir una sentencia en firme por enaltecimiento de ETA, y se apresuró entonces a invocar el diálogo como instrumento destinado a terminar de una vez con la barbarie terrorista.

Sus intenciones pudieron parecer buenas, y hasta yo mismo llegué a pensar que “es mejor que Otegi abogue por el diálogo y no por la violencia”. Me equivoqué. Su comportamiento –a lo largo de más de una década-, Sr, Otegi, resulta, como mínimo, miserable y rotundamente vomitivo. Hace demasiado tiempo que el crédito que usted llegó a tener –tanto en el proceso de paz gestionado por José María Aznar como en el más reciente de José Luis Rodríguez Zapatero- se ha agotado. Nunca se ha desmarcado de los procedimientos criminales que utilizan los matones de ETA. Nunca, jamás. Tampoco en estas horas de retorno dramático a la sangre y el dolor.

Estamos, millones de ciudadanos, hartos de gentes como usted, Sr. Otegi, que han hecho de la ambigüedad -frente a los asesinos- una sarcástica virtud y hasta un modus vivendi. Como estamos asimismo hartos, e in crescendo, del presidente del Gobierno autonómico vasco, Juan José Ibarretxe, que ni siquiera suspende o congela sus aspiraciones de continuar por la senda del soberanismo -o del independentismo-, a la vista de que, sin duda alguna, lleva de compañeros de viaje -en su particular aventura- a una banda de peligrosos pistoleros.¿Por qué Ibarretxe subraya que “la violencia de ETA cada vez le da más asco” y no se planta afirmando que todas sus energías se van a concentrar en detener la hemorragia de tanta sangre inocente, derramada por monstruos de la maldad?

La prioridad del País Vasco no es conquistar la independencia. La prioridad más urgente, más perentoria y más importante, es acabar con una pesadilla tenebrosa que ha cumplido ya casi cincuenta años. O sea, que llevamos medio siglo de salvajadas injustificables. ¿Es tan difícil reconocer que Euskadi –aun sin haber conseguido la independencia- es uno de los referentes de máxima autonomía respecto a otros territorios similares de la Europa actual?

¿Habrá que recordar de nuevo que la emancipación de Euskadi en relación a España -una España democrática y descentralizada administrativa y políticamente, como nunca lo ha estado (excepto en la II republica, aplastada sangrientamente por las armas) o se alcanza por la vía pacífica y democrática o todo lo demás es fascismo más o menos maquillado de nacionalismo vasco?

¿Cómo liquidó ETA el anterior proceso de paz, auspiciado por el presidente del Gobierno, Zapatero, con el respaldo de todos los partidos, salvo el PP? Lo hizo de modo unilateral, haciendo explosionar uno de los parkings de la T-4 y matando así a dos inmigrantes residentes en Madrid. Usted, Sr. Otegi, continuó por esas fechas tocando violines y eludiendo, por supuesto, la ruptura con el cordón umbilical que le conduce inexorablemente a ETA.

La muerte del brigada Conde de la Cruz o su ejecución -según el argot de los terroristas o, si se prefiere, de los mal nacidos- no tiene ninguna disculpa, ningún atenuante. La inmensa mayoría de los ciudadanos vascos no se merecen que unos cuantos gangsters maten a mansalva en nombre de la libertad de Euskadi. Eso no es libertad. Eso es el retorno al totalitarismo (como el de los que acabaron con la republica y nos sumergieron en una sangriente noche que duro 40 años). A ver si lo entiende, Sr. Otegi. A ver si lo entiende usted también, Sr, Ibarretxe.

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