martes, 28 de octubre de 2008

¡Qué fácil es pitarle al Madrid!


Un clásico. Me gustan desde niño los Madrid-Athletic. Un clásico que viene repitiéndose desde hace 78 temporadas. Dos equipos con pedigrí, historia, abolengo y casta. Acompañaba el Bernabéu, engalanado para una gran noche de fútbol. Todo era tan perfecto que por allí apareció un tipo al que le debe dar mucha rabia que la gente sea feliz y que el fútbol triunfe por encima de todo. Se llama Javier Álvarez Izquierdo, el árbitro "catalán", que diría Schuster. Pero el alemán confundió el dardo que pretendía ser envenenado. Lo de menos es su cuna, sino su pertenencia a una organización, el Villarato, estructurada en torno a un individuo al que se le agria el gesto al ver el escudo del Real Madrid, llamado Victoriano Sánchez Arminio. Él hace el trabajo en la oscuridad y sabe cómo manejar los hilos. Villar, un jefe que se hace el despistado pero que no engaña a nadie, sonríe porque ve que todo funciona. En caso de duda, que los blancos se la coman con patatas. Tres arbitrajes consecutivos para el 'meritaje'. Espanyol, Atlético y Athletic. Cuatro penaltis escamoteados (tres ante el Espanyol, uno en el Calderón), uno en contra que no era (un leve arañazo del león Heinze al espigado Llorente) y cuatro goles legales anulados (tres en el derbi y uno ayer). ¡Qué fácil es pitarle al Madrid!

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