jueves, 4 de diciembre de 2008

¿CRISTOFOBIA? NO, OBISPOFOBIA DESDE LUEGO


El cardenal arzobispo de Toledo, monseñor Antonio Cañizares, aseguró durante su homilía del otro día que padecemos “una verdadera enfermedad por el debilitamiento y destrucción de la familia y de la Iglesia,y instituciones que son obstáculos para imponer un proyecto que destruye al hombre”. Y denunció la existencia de “cristofobia” citando casos como la polémica de la placa de sor Maravillas y la sentencia que obliga a un colegio público de Valladolid a retirar los crucifijos.

Por su parte, el presidente de la Conferencia Episcopal y cardenal arzobispo de Madrid, Antonio María Rouco Varela, volvió a pronunciarse en contra de la Ley de Memoria Histórica asegurando que “a veces es necesario saber olvidar”, y abogó por “cultivar el espíritu de reconciliación, sacrificado y generoso” de la Transición. El prelado se refirió también a la crisis económica y apuntó que, ante esta situación, es necesario “prestar atención a las responsabilidades morales”.

Una vez más, el cardenal arzobispo de Madrid atacó la Ley de Memoria Histórica y afirmó que “a veces es necesario saber olvidar, no por ignorancia o cobardía, sino en virtud de una voluntad de reconciliación y de perdón verdaderamente responsables y fuerte”. A su juicio, esto es “lo que puede llamarse una auténtica y sana purificación de la memoria”.

Pues resulta que antes decían aquello de "perdono pero no olvido", y ahora pretenden que se olvide el papel de la Iglesia Católica, no sólo durante el franquismo, sino durante toda su historia. Y no hablo de la iglesia de base, de los católicos que con toda su fe intentan llevarla a la práctica, con caridad y con amor, ayudando a los demás e intentando hacer de este mundo algo mejor. Me refiero sobre todo a la jerarquía católica y a las clases dirigentes del nacional catolicismo, que han utilizado el mensaje de una religión por la que muchas personas han dado su vida, para utilizarla como instrumento de poder.

No hay cristianofobia, ni siquiera los más radicales ateos tenemos nada contra la figura de Jesús, sino contra la utilización que de él se hace por parte de estos funcionarios del Estado Vaticano, que viven (algunos muy bien) de manipular, amedrentar y condicionar la libertad de sus fieles, y a veces de quienes no lo son.

De todas formas, son muy libres los señores Cardenales, los Obispos, y el resto de la Iglesia Católica, de decir lo que tengan a bien, porque afortunadamente esto es una democracia, y ya no hay ideologías ni religiones oficiales, por lo que cada uno puede pensar, rezar o decir lo que quiera. Ya no imponen condiciones, y cada vez lo harán mucho menos y a menos gente. Gracias a Dios.

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