jueves, 8 de enero de 2009

Misa por la Familia

Se ha celebrado en Madrid otra edición de la Misa por la Familia, organizada como cada año por la Conferencia Episcopal Española, presidida por el Presidente de la CEE y concelebrada por algunos Arzobispos y Obispos, aunque no todos,(27 este año, 42 el año pasado) porque ha habido prelados que han disculpado su asistencia, descontentos con el cariz que el acto tuvo el año pasado.


Poco que resaltar sobre lo que allí se ha dicho, porque no se ha dicho nada nuevo. En la línea oficial de la doctrina católica romana, el Cardenal Rouco habló de la oposición al matrimonio entre personas del mismo sexo, al "divorcio express", al aborto, a la asignatura de "Educación para la Ciudadanía" y al laicismo. Es decir, lo mismo de siempre.


Pero en esta ocasión ha sido un acto "descafeinado", más suave y más doctrinal que el año pasado y sin la agresividad política que tan poco gusto a muchos sectores de la iglesia, jerarquía y grupos de base. Además la participación ha sido bastante más reducida, apenas se llenó el recinto de la Plaza de Colón, con amplios corredores para la comunión, y sin afectar al tráfico adyacente.

Según algunas fuentes con abundante participación de "neocatecumenales" (los "Kikos"). También se pudo ver por allí a alguna "figura" del PP, como por ejemplo al presunto cabeza de cartel de las Elecciones Europeas, Jaime Mayor Oreja.

En cualquier caso, la Iglesia Católica, como cualquier otro colectivo, y más teniendo en cuenta su implantación en la sociedad (aunque según las encuestas sólo el 29% de los españoles son católicos practicantes), tiene todo el derecho a reunirse, manifestarse o realizar un acto público. De igual forma, la libertad de expresión y de conciencia también amparan a la jerarquía eclesiástica, a los medios y organizaciones de militancia católica, y a todas aquellas personas que quieran pronunciarse sobre sus valores éticos y religiosos.


Sin embargo, esa libertad de expresión y conciencia termina donde empieza la de los que no opinan como ellos, y por tanto es necesario un mutuo respeto. Nadie puede imponer a los demás sus ideas sobre moral, ética o pensamiento. Nadie, ni siquiera el gobierno, ya que por muy democrático y legítimo que un gobierno sea, no puede legislar las conciencias, no puede legislar para una forma de entender la vida y la sociedad, sino para todos los ciudadanos.

Por eso, a nadie se le obliga a divorciarse, ni a casarse con alguien de su mismo sexo, ni a abortar, (lo de la EPC es otra historia, pura política), etc. etc. La legislación es para todos, para que el derecho sea universal y la ejecución de ese derecho dependa sólo de la voluntad de cada uno, libremente.

Una asignatura que este país tiene pendiente y que reforzaría la independencia de la Iglesia para poder opinar libremente sobre cualquier tema, es la autofinanciación de la Iglesia Católica, como hacen las demás confesiones. El que quiera ser católico que se lo pague, y los que no quieran hacerlo o los que no quieran ser católicos, no tengan porque pagar los gastos de una organización que sólo se representa a si misma.

¿Por qué le tienen tanto miedo en la jerarquía católica a la autofinanciación? Porque saben que, cuando ser católico en España deje de ser "gratis total", el número de católicos se verá muy reducido.

Pero tranquilos, "Dios aprieta, pero no ahoga".

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