domingo, 24 de mayo de 2009

Aborto a los 16: No mas mentiras

Estos días, parece esencial posicionarse sobre uno de los aspectos que recoge el ” Informe del comité de personas expertas sobre la situación del la interrupción voluntaria del embarazo en España y el paquete de propuestas para la nueva regulación.

Me refiero al “consentimiento de menores e incapaces”, ya que ha sido este aspecto el que parece haber generado mayor controversia en las tertulias y espacios de opinión.

La LEY 41/2002, de autonomía del paciente, indica claramente que “para la realización de toda actuación en el ámbito de la salud de un paciente será imprescindible que éste preste su consentimiento de forma libre y voluntaria, debiendo contar con toda la información necesaria para tomar su decisión”

La norma reconoce la capacidad para consentir de las personas menores de edad, “pudiendo consentir por sí mismas actos médicos que supongan un grave peligro para la salud a partir de los 16 años”.
Son tres las excepciones:

-la interrupción voluntaria del embarazo
-la práctica de ensayos clínicos
-la práctica de técnicas de reproducción asistida

No es sorprendente que dos de las excepciones que se prevén para limitar la capacidad de consentir, estén enfocadas a limitar nuestro control sobre la natalidad.

Ahora los expertos, proponen al Gobierno la modificación del artículo 9.4 de la ley 41/2002 con el fin de eliminar la interrupción del embarazo de las excepciones sobre consentimiento de menores en el ámbito sanitario.

Esperemos que en el trámite parlamentario prime, para todos los grupos parlamentarios, la razón frente a los instintos vaticanistas de la derecha. Las razones son claras:

-Según el Código Civil el ejercicio de los derechos personalísimos de los menores está excluido del ejercicio de la patria potestad.
-En España, se permite el matrimonio a partir de los 16 años de los jóvenes emancipados.
-El Derecho Penal reconoce que a los 13 años un menor tiene madurez para decidir sobre su sexualidad, (de donde se colige que debería reconocérsele respecto de la toma de decisiones sobre las consecuencias de esas relaciones sexuales).

Por supuesto el PP se ha lanzado en tromba al cuestionamiento tóxico de este aspecto. Digo “cuestionamiento toxico”, por que cabe debatir y reflexionar pero sin engañar a oyentes y lectores.

Rita Barbera saco rauda la mentira para indicar que en España: “Una mujer de 16 años no se puede operar de amígdalas sin el consentimiento de los padres, pero va a poder abortar”. El argumento es falso.

El problema del PP consiste en que sigue inmerso en su típico conflicto de intereses entre lo que le sale de las tripas y lo políticamente rentable.

Sabe que la sociedad española no toleraría retrocesos en materia de derechos reproductivos y por tanto se tientan el voto, mientras escenifican -para los vaticanistas- posiciones contrarias a la ampliación de derechos.

Con fariseísmo y sin contundencia en sus posiciones, solo cabe recordarles que su propia historia les enmienda permanentemente. Se retorcieron mucho durante el proceso de regulación del Aborto en los años 80, y sin embargo, conviven cómodos y sin objeción con la actual ley del aborto. Lo mismo les ocurrió con el divorcio: en este caso, pasaron de la protesta al uso entusiasta del derecho.

Pero volvamos a lo importante. Ahora, lo vital es trabajar en paralelo en la prometida y esperada “Estrategia sobre salud sexual y reproductiva”. Esta necesaria adaptación de la Ley del aborto debe ser un aspecto en el marco de ese proyecto dirigido a reducir la tasa de abortos y fomentar una maternidad libre y responsable.

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