domingo, 24 de mayo de 2009

TVE sin publicidad

Durante los últimos días la noticia del nuevo modelo de financiación propuesto para la televisión pública está causando bastantes reacciones en contra.


El tema viene de lejos, pues las televisiones privadas siempre se han quejado de lo desleal que resulta la forma de financiarse de la televisión pública que, por una parte, compite en el mercado publicitario, y por otra tiene ingresos por subvenciones estatales.


El problema es encontrar un modelo que evite esa duplicidad de ingresos y no suponga una alteración de la competencia en el mercado publicitario. Parecía bastante claro que de suprimirse la publicidad en TVE, el resto de cadenas iban a tener que acabar contribuyendo de algún modo a su mantenimiento.

Lo inesperado ha sido la propuesta del Gobierno que pide también las operadoras de telecomunicaciones que paguen una parte de ese mantenimiento.

Esta propuesta ha provocado el rechazo de asociaciones de operadoras de telecomunicaciones, de las Asociaciones de Internautas y de Usuarios de Internet. Y es que al final, si las operadoras tienen que soportar un coste más, este acabará, de un modo u otro, repercutido en los usuarios.

Pero más allá de quien paga la factura, me pregunto si realmente es viable que TVE no tenga publicidad y como afectará esto al resto de televisiones.

Supongamos que consiguen una financiación adecuada que permite hacer una televisión de calidad. Supongamos incluso que es, al menos, una televisión con una programación equiparable a la de las privadas y que guste a los telespectadores. ¿No seria injusto que TVE emita sin publicidad y los demás con ella? Como espectador, si tengo que elegir ver una película en hora y media, y sin publicidad, o en cuatro horas y con continuas interrupciones, está bastante claro que cadena elegiré. De hecho, uno de los motivos por los que cada vez más espectadores eligen Internet para ver sus series favoritas es tratar de evitar las interrupciones. De este modo, a igualdad de programación, los espectadores preferirán la televisión sin publicidad, las cadenas privadas reducirán su cuota de pantalla y perderán ingresos publicitarios. En cuanto esto empiece a ocurrir, naturalmente reclamarán una nueva regulación que corrija el desajuste, pues resulta imposible competir con quien no tiene que preocuparse de como conseguir sus ingresos.

Quizás esa situación podría evitarse con una programación "diferente" que no entre en competencia directa con las privadas.

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