martes, 12 de abril de 2011

El respeto, si no es mutuo, es indigno reclamarlo.


Desde los púlpitos religiosos, políticos o mediáticos de la derecha cavernaria de este país se hartan de pedir respeto.

Respeto por los valores tradicionales, respeto por la Iglesia Católica, respeto por los crucifijos, respeto por el Papa y por los Obispos, respeto por la identidad nacional española, respeto por la cultura del Imperio que nos hizo grandes en el mundo, respeto por los líderes (de la derecha, claro), respeto por la vida de los no nacidos, respeto por la libertad de los paises dirigidos por los que no son de sus ideas, respeto ............ respeto por lo que ellos quieren que les sea respetado.

Pero desde esos mismos altavoces ideológicos se tiene muy poco respeto, por no decir absolutamente ninguno por lo que sienten, piensen o crean los demás.

Mientras se pide respeto por los crucifijos, se persigue el velo islámico (Hijab حِجَاب) o las manifestaciones religiosas de otras confesiones por considerarlas ajenas a la gloriosa tradición de nuestro Imperio.

Mientras se pide respeto por la religión católica y se pide que no se juzgue a todos los católicos por la actuación de algunos individuos, se empeñan en generalizar el anatema contra 1.500 millones de musulmanes (مسلمين) por las acciones de unos pocos.

Mientras se pide respeto por el Papa, se hacen burlas sobre el Dalai Lama, o cualquier otro líder religioso de otras confesiones más o menos minoritarias.

Mientras se pide respeto por la identidad nacional española, se criminaliza a catalanes, vascos, gallegos o a cualquier otro que ose poner en duda la "unidad de destino en lo universal".

Mientras se pide respeto por el castellano, se condena el uso de las otras lenguas del Estado, mucho más antiguas que el idioma oficial del Imperio.

Mientras se pide respeto por los líderes de la derecha, se ataca con fiereza en el ámbito personal y familiar a quienes no son de su misma ideología, olvidando que toda crítica política, ideológica o estratégica es lícita, pero no lo es entrar en el ámbito de lo personal, de lo privado, salvo que se trate de un delito.

Mientras se pide respeto por la vida de los no nacidos, se olvida el respeto por los que ya viven y sobre todo por aquellos que viven en condiciones infrahumanas, con hambre, enfermedades y sufrimiento, se alienta la guerra y el desprecio por los derechos de los que no pertenecen al llamado "mundo civilizado".

Mientras se pide respeto por nuestra cultura (por ejemplo la salvaje "fiesta nacional") se condena todo aquello distinto de su cuadrículada forma de ver el mundo.

Mientras se pide respeto por la libertad para aquellos países dirigidos por quienes están lejos de su órbita ideológica, se olvida de reclamar lo mismo para quienes imponen su ley desde criterios menos próximos a los suyos. Y la libertad se debe exigir para todos.

Podría seguir hasta agotar el espacio de este Blog, pero dejo a la consideración de los lectores las innumerables contradicciones en las que caen estos paladines del respeto, de SU respeto.

El respeto hay que ganárselo, y se gana respetando a los demás. "Respeta para que te respeten" algo que hemos oído desde pequeños, y que cada vez es más difícil de ver.

Y desgraciadamente no es sólo patrimonio de la caverna.

La crítica, incluso la mordaz, la incisiva, es legítima. Pero a la hora de utilizar en esa crítica valores, símbolos o conceptos importantes para otra persona, que le puedan ofender en lo más íntimo, deberíamos todos ser capaces de ponernos en su lugar, y autocrontrolarnos por respeto a los sentimientos de los demas, y por coherencia con la demanda de respeto para con los nuestros.

Como dice la antigua máxima "no hagas a nadie lo que no quieras que nadie te haga a tí".