jueves, 1 de septiembre de 2011

La JMJ del 2011 : El yugo de la iglesia


Me queda un poco a desmano la JMJ del 2011 y apenas tengo más información que la recibida a través de los medios de comunicación y las redes sociales, pero no tengo ninguna duda de que habrá sido en lo referido a las motivaciones de los peregrinos algo similar a lo sucedido en la JMJ de Santiago en 1989, con el mismo Arzobispo al mando (ahora Cardenal) y salvando las distancias del vuelco institucional desproporcionado que están realizando sobre todo el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid.

Es cierto que en 1989 gobernaban los socialistas, tanto Felipe González en Madrid, como en Galicia el tripartito de González Laxe, o en Santiago de Compostela el alcalde Gerardo Estevez, y aunque el ministro competente de "la cosa" fuera el polémico Enrique Múgica, no se hizo una rendición tan patética ante el poder vaticano, al contrario que en Madrid donde gobierna el ala dura confesional del PP, tanto en la Comunidad como en el Ayuntamiento, y donde la puesta de lo público al servicio de lo privado eclesial averguenza a un estado que se define constitucionalmente como aconfesional.

Durante los años de gobierno de ZP nos han ido prometiendo que se llevaría al BOE una verdadera ley de libertad religiosa que separara definitivamente al estado de la tutela que ejerce en España la Iglesia Católica del incombustible Cardenal Rouco. No sólo esa ley no ha llegado, sino que la sumisión de un presunto gobierno socialista a una jerarquía católica que se ha caracterizado por su línea dura contra ese mismo gobierno, ha sido decepcionante.

Dentro del mundo católico oficial en estos 22 años se ha ido consolidando el poder de las organizaciones católicas más integristas y radicales (Opus Dei, Comunión y Liberación, Camino neocatecumenal o los denostados Legionarios de Cristo) y concretamente en el mundo de la actividad política y social fomentada por el Cardenal Rouco en España, han sido las vanguardias de choque en la lucha mediática y política.

En este contexto ha tenido lugar la JMJ 2011, con la intención de realizar una doble vertiente: demostrarle al mundo que la Iglesia Católica tiene futuro por encima de escándalos y pérdida de influencia social, y por otro lado realizar una prueba de fuerza sobre la sociedad española, doblegándola al poder de Rouco sobre el gobierno, y con el apoyo logístico y económico que el control del PP sobre las administraciones públicas y sus presupuestos le está facilitando.

Los gobiernos socialistas no se han atrevido a enfrentarse a la Iglesia Católica española asustados por el posible poder que los curas puedan tener todavía, especialmente sobre el voto rural, y han ido cediendo terreno ante las demandas de una jerarquía católica crecida y envalentonada por la cobardía socialista.

Así nos encontramos con la "bajada de pantalones" de las exenciones fiscales otorgadas a las empresas que patrocinan un acto privado como la JMJ2011, la exención del canon de la SGAE (esos que no se la perdonan a los chavales de un instituto en su festival de fin de curso), la cesión gratuita de espacios públicos, y la asunción sin contrapartidas de los gastos de seguridad (incluso aquellos que podrían prestarse por empresas de seguridad privada con cargo a la organización).

Afrenta aparte al interés público resultan los beneficios en transporte público, alojamiento gratuito en establecimientos públicos, entradas gratis a actos culturales públicos, reducciones en el coste de menú en establecimientos privados (desconocemos de que forma se compensarán), la invasión de un parque público por 200 confesionarios, o la proliferación de grifos públicos para los peregrinos.

Y todo ello porque han venido algo así como millón y medio de peregrinos. ¿Cuantos de ellos habrán venido por motivos religiosos únicamente, o lo habrán hecho por puro turismo low cost?

Movilizados por los Colegios católicos, especialmente los pertenencientes a esas organizaciones ultra católicas, y por otras redes paraeclesiales, los peregrinos jóvenes han venido de mochileros a cuenta del erario público, mientras que sus padres han venido de turismo high class a los mejores hoteles de Madrid (ahí está el dato de las reservas). Y nada que objetar a que venga quién quiera, cuando quiera, pero que lo paguen de su bolsillo, que su organización no perjudique la vida ordinaria de los madrileños, y que no nos impongan desde púlpitos pagados por el dinero de todos los anatemas que sólo a ellos conciernen.

Estamos en crísis. El Metro de Madrid debe subir su precio, pero no para los peregrinos que se ahorran el 80%. Estamos en crisis. Las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado no tienen recursos humanos ni materiales, pero si se pueden desplazar un sin fin de efectivos cobrando primas por retraso de vacaciones y gastos de desplazamiento. Estamos en crisis. En Madrid se reducen los presupuestos de educación pero se ha gastado lo innombrable en adecentar los colegios e institutos donde pernoctarán los peregrinos.

Dicho todo esto, y mucho más que se podría decir, este país tiene lo que se merece. Hemos sufrido durante siglos la esclavitud de la jerarquía católica, y todo parece que la seguiremos sufriendo, da igual si se trata de gobiernos conservadores, que ya se les supone, o por la cobardía de gobiernos que se suponen progresistas.

Con todo mi respeto para los católicos de corazón, España no será un país libre y moderno hasta que no se sacuda el yugo de la iglesia.