jueves, 22 de diciembre de 2011

¿FELICES FIESTAS? ¿PARA QUIÉN?

HAMBRE

(El 20% de la población consumimos el 80% de los recursos)

SED

(El 25% de la población mundial no tiene acceso al agua potable)

POBREZA

(El 33% de la población mundial carece de recursos económicos)

DESASTRES NATURALES

(La falta de recursos e infraestructuras hace a la población más vulnerable a los desastres naturales)

EXPLOTACIÓN

(Para subsistir se ven obligados a dejarse explotar por el 1º mundo)

GUERRA

(La ambición por controlar los recursos naturales por el 1º mundo provoca conflictos en los países en vías de desarrollo)

OCUPACIÓN

(Los poderosos ocupan y desplazan a los débiles, con el silencio cómplice de otros)

OPRESIÓN

(Y cuando los pueblos se rebelan, son reprimidos por sus opresores)

REPRESIÓN

(Ni siquiera en el 1º mundo estamos libres de la opresión de los poderosos)

¿Y aún crees que estas fechas son para celebrar algo?

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Este fin de semana los cristianos de todo el mundo celebrarán la Navidad, y eso se extrapola globalmente a una celebración cultural, social y comercial alrededor del mundo, independientemente de su sentido religioso.

Más allá de que la celebración de la Navidad el 25 de Diciembre sea una convención aceptada para aprovechar la celebración del solsticio de invierno, podemos aceptar que el espíritu navideño se apodere del mundo, con sus deseos de paz, hermandad y amor fraternal. ¿Pero realmente es así?

Echemos un vistazo a nuestro alrededor.

¿Cuantas veces habremos oído "las Navidades ya no son como antes"? Hay muchos motivos para esa afirmación y ninguno de ellos es como para alegrarse.

Ha desaparecido el núcleo de celebración de la Navidad, la familia. Ya no existen la celebraciones familiares de las Navidades como hace años, las familias se han desestructurado, se han distanciado. La falta de conciliación familiar y laboral hace que en estas fechas muchas personas tengan que priorizar su trabajo (si es que lo tienen) a la posibilidad de compartir con sus familias y amigos.

La mercantilización de las Navidades ha llevado a una escalada de consumo que transformó una fiesta familiar en una fiesta comercial. No es Navidad si no consumes, y cuanto más consumas, más Navidad tendrás. No importa si eres religioso o agnóstico. No importa si eres pobre o rico. No importa si estás solo o acompañado. Tienes que consumir. La sociedad te exige que consumas, que gastes, que te endeudes, pero que cumplas tu papel en la cadena del consumo navideño.

Poco importa cual haya sido el sentido de la Navidad, su fundamento religioso, cultural o social. Hoy en día al niño Jesús en muchas sociedades se le ha sustituido directamente por un patético personaje con el que una multinacional yanki de bebidas usurpó la personalidad de un obispo altruista celebrado en Europa. Incluso en España, los Reyes Magos ya no van al portal, sino a unos grandes almacenes. Nada tiene ya sentido más que el que le da el consumo compulsivo y obligatorio.

Y entonces llegó la crisis.

Mira a tu alrededor, en tu barrio, en tu ciudad, no hace falta que mires más lejos. Las colas en los bancos de alimentos, en las puertas de las ong´s, cada día son mayores. Las personas que no pueden "celebrar" esta Navidad mercantilista se multiplican, y eso causa frustración. No porque no puedan celebrar el sentido original de estas fiestas, sino porque no pueden seguir el ritmo de la sociedad de consumo.

Y si miras más allá, verás que en el mundo no reina precisamente el espíritu navideño, ni siquiera entre los cristianos. Olvidamos que significa compartir, que significa amar al prójimo, que significa perdonar. Todo eso está muy bien para ponerlo en las felicitaciones, para decirlo de boquilla, pero llevarlo a la práctica es otra cosa.

Seas cristiano o no, practicante o no, sé consecuente con lo que celebras estos días y piensa cuando te vas a acostar si tu conciencia está tranquila sabiendo que no has hecho nada por quien no tiene lo que tu tienes.

A pesar de todo, felices fiestas del solsticio de invierno.