jueves, 22 de diciembre de 2011

¿POR QUÉ GANAN ELECCIONES LOS ISLAMISTAS?


Últimamente cada país árabe que celebra elecciones más o menos plurales y libres registra el mismo resultado, la victoria de algún partido islamista.

Hace años sucedió en Argel, aunque el poder no lo permitió y se dio un auto golpe de estado.

Sucedió hace poco en Túnez, acaba de suceder en Marruecos y está sucediendo en el interminable proceso electoral Egipcio.

Muy probablemente sucederá también en Libia, y sucedería en Siria o en los estados de la península arábiga si allí las elecciones libres fueran posibles.

Desde occidente nos extraña e incluso preocupa.

Nos extraña porque no entendemos que un partido islamista pueda ganar elecciones, aunque no nos extraña que en occidente pueda ganar uno que se declara democristiano. Y nos preocupa porque ha calado la propaganda que vincula islamismo y terrorismo.

¿Pero cuáles son los motivos que explican objetivamente el ascenso de los partidos islamistas en el contexto político árabe?

Por empezar a analizarlo desde algún criterio, podemos comenzar por el cultural.

Culturalmente los países árabes que están desarrollando estos procesos electorales son de tradición musulmana, y su población aprende desde la niñez las costumbres y ritos de su religión, practicándola mayoritariamente con una espiritualidad ya desconocida para occidente, que les hace percibir al islam más como una forma de vida que como una religión en sí misma. Incluso quienes no practican regularmente los ritos religiosos se consideran indiscutiblemente musulmanes.

En este entorno cultural, estos países, estos pueblos, han sido víctimas del colonialismo europeo, principalmente francés y británico, que les exportó las costumbres de la metrópolis invasora catalogando la suya propia como secundaria e inferior. El nacimiento del espíritu nacional de estos pueblos, en confrontación a la potencia colonizadora, dio lugar a los movimientos islamistas originales, reforzando lo islámico como propio y confrontándolo a todo los males que el colonialismo les aportó como sociedad.

De ese entorno cultural surge la realidad política. En el final del régimen colonial, alguno más cercano en el tiempo que otro, las potencias colonizadores se aseguraron de dejar en el poder a quienes les fueran favorables y continuarán de otra forma la dependencia de la metrópoli y su poder, especialmente financiero. Es entonces cuando surgen algunas dictaduras más o menos disimuladas, el germen que las produciría en el futuro, o regímenes monárquico-teocráticos que de una forma más o menos aparente ejercen el gobierno despótico sobre su pueblo.

Estos gobiernos autoritarios se autoproclamaban mayoritariamente revestidos de la autoridad del Islam, y mientras hacían profesión de una fe musulmana personalizada en el líder como intermediario con la tradición y la religión, aplastaban cualquier movimiento islámico que estuviera fuera de su control, criminalizando e ilegalizando el islamismo moderado y fomentando un islamismo radical en la clandestinidad.

Sin embargo, es imposible eliminar algo que es parte consustancial de una sociedad, de una cultura, y los movimientos islámicos sobrevivieron actuando como organizaciones sociales. En unos estados donde las prestaciones sociales son mínimas o incluso inexistentes (excepto en el caso de Libia donde si existía una protección social inédita en otros países de su entorno), las organizaciones islámicas se encargaron (y aún encargan) de prestar a la sociedad los servicios sociales de que carecían por abandono de su estado. Educación, sanidad, servicios sociales, banca islámica para pequeños proyectos, etc. eran y son campos en los que las organizaciones islamistas han ido desarrollando su labor, y lo han hecho con éxito y un alto porcentaje de penetración en el tejido social.

En el momento en el que esas organizaciones se han podido presentar como opciones políticas legales, todo ese trabajo de base anterior se ha hecho visible, y ha mostrado su implantación real en la sociedad. A la hora de votar en libertad, la población que ha recibido esos servicios, ha optado por darle su confianza a quienes les habían dado su apoyo en los malos momentos.

Sólo la influencia del poder establecido, de sus medios de comunicación, de sus redes clientelares y de presión, sumado a la división del islamismo político, han podido contener el avance del voto islamista.

Habrá que seguir de cerca la evolución política en estos países de democracia emergente y comprobar si se les permite desarrollar programas islamistas o se les condiciona desde la homologación occidental.

En cualquier caso, a los pueblos que comienzan esta nueva etapa democrática, les deseo toda la suerte y éxito.

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