lunes, 30 de enero de 2012

BILINGÜISMO EN ESPAÑA


Me permito traducir al castellano el siguiente texto, y espero que su autor no se moleste, debido al interés que tiene para comprender cuál es la situación real de eso que algunos llaman el "bilingüismo armónico" y consideran al castellano como el idioma en peligro y al gallego como el idioma opresor. Quizás después de leer este post os quede un poco más claro cuál es la situación real del gallego en Galicia (Aplicable también al catalán y al Euskera).

Autor: Iván Méndez López.

"Antón lleva un año desempleado, el mismo tiempo que desde que terminó la carrera. Cuando tiene oportunidad, blasfema sobre la crisis. De terminar antes, tal vez hoy sería diferente. Sacó con provecho los estudios: no fue el mejor, pero su expediente es brillante. En este año, aún está aguardando la llamada del servicio de empleo para ofrecerle algo que se adapte a sus estudios. Recorrió todas y cada una de las empresas que podían precisar alguien como él. Les dejó su currículo. Un tiempo después, volvió a dejarles el currículo. Así hasta cuatro veces. Cuando terminó las expectativas de contratación, redactó otro, donde relacionaba los pequeños curritos que tuvo mientras estudiaba y comenzó a abrir el abanico de posibilidades. Esta vez, el currículo lo redactó en castellano: tal vez para aparentar neutro, se convenció.

María lleva años trabajando en una empresa de atención telefónica. Para ella, esto de la crisis es un invento: siempre la sufrió. Cuando los mileuristas eran una rémora social, ella soñaba con un sueldo semejante. Con todo, comenzó a narcotizarse cuando vio que la empresa «deslocalizaba» su sede. Cuando menos, ella resiste. Su trabajo consiste en atender llamadas de todo el Estado: «Buenos días. Le atiende María Vázquez. En que puedo ayudarle», repite una y otra vez. Da igual que vea que la llamada viene del edificio del lado. Da igual que sea su hermano: tiene que repetir esa frase y tiene que continuar la atención en castellano.

Sonia también está al otro lado del teléfono. Se encarga de vender los productos de una editorial: llamadas a bibliotecas, asociaciones, administraciones y personajes. En un momento puede hablar con Allariz y a los cinco minutos con el Centro Gallego de Buenos Aires. El trabajo no es gran cosa pero le permite mantener a sus hijos. Cuando se incorporó a su puesto, no preguntó nada: actuó como actuaban los compañeros. Nadie le dijo lo contrario hasta que un día se soltó. El arrojo mereció un aparte con su jefe: emplea siempre al castellano.

Lo que más le duele a Sonia son los hijos: una revoltosa que sueña con bailar y con tocar el piano y un pequeñajo creativo que intenta pasar siempre desapercibido. Hubo un tiempo en que los abuelos se encargaban de su cuidado diario hasta que llegó la hora de escolarizarlos. Con la niña un día llegó al acuerdo: mamá, voy a hablar como los demás niños. El pequeño simplemente fue desaprendiendo todo lo que mamó.

Paulo tiene también descendencia: un chiquillo retozón que desde que dio su primera palabra no paró. Son los abuelos quienes se encargan del niño cuando él está en el trabajo. Le gusta pasar el tiempo con él, hablarle, jugar y le enseñó lo poco que sabe. Un día bajó al parque con el chiquillo: al niño le encanta el poco verde que hay en la ciudad. Mientras el chiquillo estaba en la hierba, Paulo meditaba cosas del trabajo sentado en un banco, siempre con un ojo atento. Un chaval se acercó a Uxío y marchó a toda prisa. Al minuto regresó con otro. «Mira, este es el niño que habla gallego» le soltó.

Xosé fue siempre de los que pedían "con leite" (con leche): «¿Puedes ponerme un café "con leite"?». «¿Con leche?», retrucaban al otro lado de la barra. «Sí, "con leite"». Vivía en una de esas ciudades donde se trasladó la madre cuando comenzó un nuevo proyecto. Llegó con 14 años. A los tres días en el instituto de barrio en que dio en sentarse, el compañero de mesa le preguntó: «¿Hablas siempre en gallego? ¿Siempre, siempre?» Sí, respondió molesto, y ahí quedó. Siempre. Se hizo fuerte cuando encontró su grupo: cuatro chicos en circunstancias semejantes. Los cuchicheos de café le indignaban hasta que comenzó a pasar. Él siguió con sus "con leite". Ahora es él quién replica, sobre todo cuando está comprobando el jefe cómo va el negocio. En los días en que atiende el bar solo, la cosa cambia, sobre todo con la clientela fija.

Todas estas son historias reales, historias que de alguna o de otra manera vivimos todas y cada una de las personas que hablamos gallego porque sí, porque nos apetece y nos da la gana. Cada día tenemos algún relato que contar. Desde el día que somos conscientes de que empleamos una lengua que se habla por molestar, todos podemos ir construyendo nuestra linguobiografía llena de anécdotas como las «con-leches» o de capítulos enteros de discriminación. Nosotros tenemos las historias. Nuestros padres y madres vivieron otras, y que decir de los abuelos. Nosotros tenemos las historias y otros cuentan «las suyas».

Tal vez sería hora de difundirlas: no es hora de crear un Espacio de la Memoria Lingüística del país?

No hay comentarios: