lunes, 20 de febrero de 2012

REYES DEL SANT JORDI



Diecinueve años y varias generaciones de jugadores después, muchas de ellas perdidas por la causa, el Real Madrid recupera la Copa del Rey, el título más antiguo del baloncesto español. El trono que le perteneció casi siempre (al menos desde 1962, cuando rebasó al Barça en el palmarés), pero que compartía ahora con su eterno adversario. Y ese empate a 22 trofeos se rompió con un Barcelonazo en toda regla.

Triunfó el Madrid, se coronó el juego de ataque, la velocidad, la anotación, como antaño, tiempos pasados que los madridistas siempre creyeron mejores. Mejores hasta ayer. El baloncesto blanco llora de sana emoción y sus aficionados fieles no olvidan las frustraciones, tantas y tantas ilusiones rotas. Segundo título de la pelota naranja para Florentino, que esta vez sí sacó pecho en el Sant Jordi tras el mazazo de la Final Four. Torso henchido en pista hostil, junto a Rosell. Formas exquisitas.

Copa al aire también para Felipe Reyes, el capitán, después de cinco años de pertinaz sequía tras aquella Liga conquistada en sí, sí, Barcelona (2007). Desde entonces han pasado por el banquillo Plaza, Messina, Molin y, ahora, Laso. Pablo lo ha conseguido, pero los otros murieron en el intento y aportaron su granito. Vaivenes a pie de pista y en los despachos: Antonio Martín, Maceiras y Juan Carlos Sánchez, junto a Alberto Herreros. Demasiado oleaje para un barco en un mar con tanta competencia, repleto de tiburones.

Más allá de festejos y cánticos, este éxito quizá traiga un pan debajo del brazo, la estabilidad y la calma necesarias para acometer empresas mayores. Porque este año se han hecho muchas cosas bien, empezando por el fichaje de Rudy, por el que se sigue luchando. Es sólo una Copa, pero qué Copa, lograda ante un rival formidable, un grande de Europa y delante de una afición que anduvo a la altura, que aplaudió en pie al enemigo, a Sergio Llull, tremendo MVP. Seny.

Grada, palco, banquillo y trofeo. Pero falta lo más importante, lo que ocurrió en la pista, el partidazo de unos jugadores, de una plantilla que se levantó en una semana de una caída a tumba abierta en Bilbao. La madrugada de aquel miércoles aciago en Miribilla, Laso entró en la habitación de Herreros, director deportivo, para decirle que ganarían la Copa. Eran las tres y media de la mañana. Fe.

El Madrid había dado un bajón, incluso sin especialistas atrás, en la defensa colectiva podía ofrecer más. Con faltas, con coraje, con inteligencia... y lo hizo. El talento no se discutía y el Madrid salió a ganar, a reconciliarse con la historia, con hambre de gloria. Sólo los brazos eternos de Ndong eran un quebradero de cabeza. Pero el primer paso y los veinte siguientes los dio el Increíble­ Llullk. Destrozó a Huertas, el gran perdedor. 23 puntos y cinco triples vitales. Siempre nos pareció más un base, con sus defectos y sus virtudes. Porque cada director tiene un método y pocos su exuberancia física. La apuesta de Laso asumía riesgos, pero el técnico es valiente, mucho.

Esta vez la defensa otorgó la serenidad completa, porque fue atrás, con cabeza y actitud, donde el equipo blanco puso coto a la irregularidad. Concentración y eficacia, como la de Suárez­, clave en su salida de tacos percutiendo al poste bajo a Mickeal. Bravo Mirotic fajándose con Lorbek, que escapó al triple para resucitar al Barça en el tercer cuarto con tres dianas: 51-52. Voraz recorte, los once puntos de renta (35-46) se iban al limbo.

El Madrid sacaba rédito encarando a Navarro, lejos de su mejor forma, con Singler y con Pocius, por altura y rapidez. Atacarle para neutralizarle. El Barça había perdido a Eidson y acusaba la fatiga pese a descansar el viernes. La Copa exige y el bloque es madurito. La mejor defensa de Europa hincó la rodilla ante la ofensiva blanca. Pese a todo, andaba a un punto. Faltaba el jaque mate, la salva entera, Jaycee­ Carroll. Cogió el testigo de Llull y fusiló a discreción. Ocho puntos del de Wyoming y 56-65. Restaba un cuarto, y otros 14 tantos de Carroll que laminaban al Barça: 69-91. Sumó 22 puntos bajo el sol abrasador. El nuevo Navarro. Bien Pocius y bien Begic. Y magnífico el Madrid. Laso ha demostrado que sabe cómo echarle el lazo al Barça. El Madrid ya no sueña, tiene la Copa.

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