jueves, 26 de julio de 2012

O NOS AYUDAN O NOS HUNDIMOS…



Después de cerrar la semana pasada con la prima de riesgo por encima de los 600 puntos básicos y de que se dispare a 640 tras el anuncio de dos comunidades autónomas, ambas del PP –Valencia y Murcia-, de pedir el rescate porque no tienen liquidez ni para pagar las nóminas de sus empleados, y con la calle al borde de la ebullición, lo que pase a partir de ahora puede ser definitivo.

Lo que le está pasando a España es la evidencia del fracaso de nuestras políticas como país durante todos estos años atrás, es también la evidencia del fracaso del proyecto europeo, de la incompetencia de sus líderes y de la inutilidad de sus decisiones.

Y es que el Gobierno ya no tiene margen de maniobra para hacer nada más y depende única y exclusivamente de las decisiones que se tomen en Bruselas.

O nos ayudan, o nos hundimos nosotros y se hunde Europa, y es cuestión de días. Actuar significa que el BCE, como se le viene reclamando desde la semana pasada por todo el Gobierno, rompa con su tradicional hermetismo y o bien compre deuda o al menos haga algún gesto efectivo que lleve a pensar a los mercados que lo va a hacer en el corto plazo.

El Ejecutivo de Rajoy ya maneja tres posibles escenarios que pueden darse en los próximos días o semanas:

El primero, el rescate financiero. Es el menos probable porque supondría una inyección de capital en las arcas españolas de más de 500.000 millones de euros, una cantidad exorbitante, difícilmente suscribible por el conjunto de la UE, entre otras razones porque implicaría que la siguiente ficha a derribar sería Italia, lo que implicaría una cantidad mucho mayor -700.000 millones de euros-. En cualquier caso, supone el reconocimiento de un fracaso que, además, llevaría inevitablemente al fin del euro porque los países nórdicos presionarían para su ruptura.

El segundo, el temido default, la suspensión de pagos. Sería una manera de presionar al BCE y a los países nórdicos, fundamentalmente a Alemania como principal acreedora de España, pero al mismo tiempo trasladaría una imagen tremendamente negativa de nuestro país y dispararía la prima de riesgo hasta niveles inasumibles –aunque ya lo está-, y salvo que la UE actuara rápido tampoco nos libraría del rescate. Con todo, es la opción más plausible, entre otras cosas porque si en la UE no se toma alguna decisión inmediata, la ausencia de liquidez va a poner en riesgo el pago de las nóminas a funcionarios y el de los intereses de la deuda no más allá de agosto o septiembre.

El tercero, la salida o la ruptura del euro. Bien por decisión del propio Gobierno, que debería de contar con el apoyo de la oposición para tomar una decisión de esa naturaleza, o bien porque el llamado ‘núcleo duro’ de la UE, los países nórdicos, logren imponer sus tesis de una doble velocidad, en cualquiera de los dos casos supondría el final del euro tal y como lo conocemos hasta ahora. Volveríamos a una moneda propia y podríamos actuar sobre nuestros índices de competitividad. Es cierto que en un primer momento tendría consecuencias desastrosas, pero nos devolvería autonomía para hacer nuestras políticas y poder salir de la crisis antes de lo previsto. Eso sí, nuestros acreedores ya pueden irse olvidando de cobrar antes de que nuestra economía empiece a recuperarse.

En cualquier caso, la única salida verdaderamente eficaz a esta situación es la que se acordó en la última cumbre, es decir, construir más Europa, ir a la Unión Fiscal y a la Unión Bancaria. Pero no podemos permitirnos el lujo de esperar meses, tiene que ser ya, o al menos dar pasos significativos en esa dirección.

De ahí la llamada a Mario Monti para que se reúna con Rajoy el día 2 de agosto en Madrid. Y de ahí las conversaciones vía telefónica que el presidente del Gobierno, está manteniendo desde la pasada Cumbre, con mucha frecuencia, con el presidente francés François Hollande. Frente al inmovilismo nórdico, el sur se une en una acción coordinada de presión.