jueves, 30 de agosto de 2012

EL 25 DE SEPTIEMBRE NO OCUPES EL CONGRESO.


               
La red puede ser maravillosa cuando se alinea y conforma una gran inteligencia colectiva pero también tiene su versión oscura: la de ser una jaula de grillos y un campo abonado para el fascismo larvado y marginal, ese que no tiene representación legítima en el parlamento pero que se mueve como pez en el agua en sociedades indignadas y vapuleadas.

Lo de ocupar el congreso es más que una propuesta naif de algunos 15-Ms y mucho más peligroso que una serpiente de verano , es un acto ilegal que atenta contra la soberanía popular, aquella que reside en todos los españoles y que hoy por hoy está representada en el arco del Congreso.

A continuación, os expongo una serie de razones para rechazar la ocupación del Congreso y una alternativa:

* Manifestarse contra el Congreso es manifestarse contra la soberanía popular. Es manifestarse contra la democracia. Contra tu madre, contra tu vecino y contra ti mismo. El arco parlamentario representa lo que decidieron 24 millones de votos a los que habría que sumar a todos los que pudieron participar y no lo hicieron.

* En el mismo sentido, arrogarse mayor legitimidad o representación que la que tienen los españoles en las elecciones generales supone un atentado democrático. ¿Vale más una opinión que otra? Las urnas hablaron y el PP obtuvo la mayoría absoluta con el apoyo de 10,8 millones de españoles adultos que decidieron libremente su voto. 10.8 millones de españoles que eligieron libremente lo que ahora tienen.

* Ante las dudas surgidas en el seno del mismo 15-M y el desmarque de la plataforma DRY (Democracia Real Ya) se ha moderado el discurso y ahora se afirma que no se pretende ocupar el Congreso sino que se trata de rodearlo simbólicamente. Por una parte se habla de abrazo simbólico y al mismo tiempo se definen como objetivos que el gobierno dimita y que convoque un proceso constituyente. ¿Pero entonces es simbólico o no? Las dudas me asaltan cuando leo en la convocatoria oficial expresiones tales como “autodefensa legítima” un eufemismo demasiado tangencial a la violencia.

* El 15-M y sus poliédricas estructuras asamblearias han conseguido victorias rápidas significativas, como por ejemplo frenar el proceso de desahucios. Cuando se cifran objetivos concretos, medibles y alcanzables se puede alcanzar el éxito o no. Cuando no existen objetivos o estos son del todo irrealizables, jamás. La historia está llena de procesos que lo confirman: el sufragio femenino, la abolición de la esclavitud o el impuesto a las transacciones financieras (Tasa Tobin), por poner  un ejemplo reciente.

No hay estrategia sin objetivos. Sin objetivos no hay victoria posible. El paradigma lo encontramos en las acampadas, que a pesar de lograr eco internacional no consiguieron materializar ninguna de las propuestas plasmadas en sus tablas reivindicativas, que, a mi juicio, parecían más propias de los mundos de yupi que de un movimiento organizado.

* “Queremos una revuelta a la islandesa” es otro de los argumentos. Al margen de que Islandia tiene una población equiparable a la de Hospitalet, unos 300.000 habitantes y que las concentraciones frente a su parlamento congregaron a una media de 3.000 personas, lo que más diferencia una realidad de la otra, es que el gobierno del Partido por la Independencia (PI) se encontraba en minoría y necesitaba los votos de la Alianza Socialdemócrata (AS), que no sólo no estaba por la labor de prestarlos sino que además apoyaba las reivindicaciones surgidas a raíz protestas ciudadanas.

Estas reivindicaciones eran sumamente concretas: convocar un referéndum para votar la conveniencia de pagar o no pagar el pato de la crisis financiera y a la postre, juzgar a los responsables de los bancos y del gobierno. Hubo referéndum, ganó el NO, no pagaron y ahora están juzgando a los responsables. De esa marea cívica y democrática surgió un nuevo partido de los ciudadanos que alcanzó 4 diputados, el Partido por la Independencia perdió 9, y la Alianza Socialdemócrata pasó de 18 a 20, conformando gobierno con la Izquierda Verde y el Partido Progresista que también obtuvieron una mayor representación.

El proceso constituyente, asentado en la mayoría parlamentaria, incluyó un proceso de participación ciudadana en el que 25 representantes sin filiación política orientaron la nueva Carta Magna. En definitiva, las protestas alentaron el cambio con su presión pero este se sustentó en una mayoría democrática en el parlamento, antes y después.

* A estas alturas la participación en esta convocatoria de grupos de ultraderecha es muy clara. La extrema derecha busca desacreditar y debilitar todavía más la vida política del país, al parlamento, a todos los partidos políticos, y en definitiva, empequeñecer la propia democracia aprovechando la desafección y el hastío de los ciudadanos, cada día más evidente en las encuestas y en la calle.

Al grito de "todos los políticos son iguales", "el problema de todo es de la política", "los políticos ya no sirven para resolver nuestros problemas", y demás soflamas populistas de esta índole, estos sectores reaccionarios pretenden "ocupar" y sustituir el sistema democrático por un sistema caudillista en el que un "salvapatrias" nos resuelva por arte de magia todos nuestros problemas.

* La alergia manifiesta de las asambleas del 15-M a las organizaciones clásicas, concretamente a los sindicatos de clase y por supuesto al partido socialista, juega totalmente en su contra. La desafección y la indignación tienen una explicación sociológica.

Sin embargo, rechazar una entente social que agrupe a las mareas multicolor y a los movimientos espontáneos de los indignados, con el músculo, la experiencia y las tácticas del movimiento tradicional, resulta infantil y egoísta.

¿Se quiere el cambio o no se quiere? ¿Contar con los sindicatos ayuda o no ayuda? ¿Renunciamos a los 6,5 millones de ciudadanos que votaron al PSOE? ¿Ellos no quieren cambios, son cómplices también? Los miles de jóvenes de las asambleas no debería obviar que la mayoría de los derechos y las conquistas sociales que ahora se afanan en defender fueron posibles gracias a la acción política y sindical de las últimas tres décadas con el apoyo de los movimientos sociales.

Yo también creo que se necesita una actualización urgente en las estructuras tradicionales, -pero arrimemos el hombro y hagámosla posible-. Cada vez que un manifestante del 15-M corea gritos contra los sindicatos o contra el PSOE un poderoso tiene un orgasmo desde la atalaya.

¿Se quiere revolucionar la situación, lograr cambios verdaderamente significativos? Pues sumemos lo mejor del movimiento social con el movimiento tradicional y las posibilidades de la sociedad red.

No, no me refiero a convocar un evento en Facebook o colgar un vídeo en Youtube, me refiero a construir un sistema global, abierto, transparente y deliberativo en la red.

Me refiero a una plataforma abierta de participación que garantice procesos deliberativos transparentes, promoviendo por ejemplo, Iniciativas Legislativas Populares garantistas y validadas administrativamente.

Una plataforma que asegure además una presentación organizada, sintetizada y democrática de la información.

Una plataforma que implique a los movimientos tradicionales, sindicatos y partidos que acepten las nuevas reglas del juego para que aporten su masa crítica determinante. -Cread los vuestros propios si queréis pero no excluyáis a los que quieran sumarse. -

Una plataforma que sustituya el sistema asambleario hiperlocal del siglo XIX por sistemas abiertos online y realmente democráticos, sin necesidad de cesar el activismo en la calle, orientado al cambio, fijando objetivos y prioridades.

Una plataforma que se dedique a revisar, mejorar y actualizar el modelo permanentemente para acabar consiguiendo que millones de ciudadanos se expresen periódicamente a través de una plataforma online con plenas garantías. Y entonces, poder influir decisivamente en la actualidad política del país impulsando cambios reales. ¿Un gobierno hubiera ido a la guerra contra el deseo inequívoco de millones de ciudadanos plasmado en un referéndum?

Puede sonar más divertido y osado ocupar el Congreso pero además de resultar sumamente peligroso y antidemocrático no producirá  cambio alguno… si es que lo que de verdad se pretende es cambiar un poco las cosas.

Insisto en la buena intención de muchas personas de izquierdas que lo apoyan, pero apuntar simbólicamente hacia el Parlamento como el culpable de nuestros males es un error.

No es el sistema democrático el que ha fracasado, como pretenden hacernos creer estos sectores. Lo que ha fracasado es el sistema capitalista, y es a éste - y a los partidos que lo sustentan -  al que hay que sustituir por otro modelo económico que esté al servicio del ser humano.

Mucho me temo que el día 26 de septiembre no estaremos hablando de Política (con mayúsculas), ni de alternativas, ni de ideas, ni del éxito de esta acción, sino de la fractura que se producirá entre los sectores convocantes, y de los disturbios y la enorme represión policial que con toda probabilidad se producirán.

Ojalá me equivoque en el pronóstico pero todos los indicios apuntan en esa dirección. Ocupa el Congreso tiene un trasfondo ideológico muy peligroso que pretende culpar a todos los políticos y partidos por igual de la situación que atraviesa nuestro país. Y ni todos los políticos son iguales ni todos los partidos defienden las mismas cosas. Yo no compro ese discurso populista por muy bien que suene de cara a la ciudadanía. No se ataca a la derecha neoliberal, ni al poder financiero y económico, ni al sistema capitalista, sino al corazón de la democracia, por muy incompleta que ésta sea. Necesitamos más democracia y más Política. 


JOSE PEDRO MONFERRER MONFORT

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