domingo, 2 de septiembre de 2012

CROWDFUNDING: EL PODER DE MICROFINANCIACIÓN DE PEQUEÑOS AHORRADORES



El único secreto del crowdfunding es el poder que ciudadanos como tú y como yo podemos ejercer para financiar un proyecto determinado que tiene su origen en nuestra capacidad de crear grandes cosas sumando nuestras pequeñas aportaciones, así podemos definir la microfinanciación a través de Internet. Lo podríamos traducir por microfinanciación colectiva o bien micromecenazgo.

Para definirlo en pocas palabras, diremos que es la forma por la que una persona con una idea, la publicita en internet para buscar pequeños inversores que la apoyen y posibiliten su materialización.

La idea es muy sencilla pero potente a la vez. Internet se encarga de poner en contacto a creadores y mecenas. El creador publicita su proyecto  y lo presupuesta. En un plazo fijo de tiempo recibe aportaciones de los usuarios. Las inversiones sólo se harán efectivas si al acabar el plazo se completa el presupuesto.


¿Cuál es el origen del crowdfunding como alternativa financiera?

Hay una idea que en los últimos años ha tomado una fuerza enorme en la red: somos tantos usuarios de Internet que si cada uno de nosotros hace una pequeña aportación, el conjunto resultante puede tener una magnitud y una fuerza impresionantes.

Es el caso de Wikipedia, que con la colaboración desinteresada de un nutrido grupo de internautas -que además no actúan a cambio de dinero, sino de prestigio- se ha convertido en la mayor fuente de conocimiento jamás creada por el hombre -a su lado, la Enciclopedia Británica es ya una obra arcaica, desactualizada e incompleta. También es el caso de YouTube, que tiene su gran valor en los millones de videos que sus usuarios suben desinteresadamente a la red.

El crowdfunding o microfinanciación, como nos gusta llamarlo en español, se basa en la misma idea, pero llevada al terreno económico: si un proyecto necesita una cantidad determinada de presupuesto para convertirse en realidad, ¿por qué no buscar a quienes pueden estar interesados en el proyecto y pedirles que aporten su granito de arena?

Antes un proyecto que necesitaba 1000 euros buscaba un sólo inversor. Desde que la microfinanciación se ha popularizado, teniendo en cuenta la actual crisis económica, está muy claro que es más fácil y sostenible encontrar 1000 pequeños inversores para tu proyecto.

Hace apenas unos años que nacieron las primeras plataformas especializadas en microfinanciación, cuyo papel consiste en conectar los proyectos que buscan ser microfinanciados con internautas que, como tú y como yo, pueden estar dispuestos a hacer una microaportación económica a un proyecto.

La primera de estas plataformas, llamada Kickstarter, nació en 2009 en EEUU, alcanzando muy pronto cifras récord de participación –y de proyectos financiados- En España, las plataformas Verkami y Lánzanos nacieron en 2010 con un enfoque muy similar al de Kickstarter.


¿Qué sectores son los más adecuados para acudir a la microfinanciación?

Los primeros sectores en sacar partido de este nuevo modelo están ligados a las industrias creativas, sobre productos editoriales, artísticos y de conocimiento. Desde cineastas que buscan rodar un corto, a artistas buscando apoyo de sus fans para sacar un disco.

El límite para microfinanciarnos está en realidad en nuestra capacidad para ser creativos y, por tanto, originales en nuestros planteamientos, además de persuasivos, debemos ser capaces de convencer a nuestros usuarios de que realmente merece la pena la aportación económica.

Del resto, los que mayor sintonía tienen con lo que está pasando en la red, como los proyectos tecnológicos o el desarrollo de servicios para internet, parten con cierta ventaja a la hora de adoptar el modelo, sin embargo el único límite real reside en la dificultad para alcanzar grandes presupuestos.

Sin embargo, existe una gran variedad de ámbitos susceptibles de sumarse a la microfinanicación: la cooperación humanitaria, campañas políticas, el desarrollo de iniciativas sociales, proyectos medioambientales y cualquier proyecto empresarial transparente y flexible; todos ellos son ideales para intentar la aventura de la microfinanciación.


¿En qué parte del Mundo se está desarrollando más este tipo de minimecenas?

En EEUU es donde más rápido ha crecido y madurado. Sin embargo, la madurez en el uso de la red no es el único factor sobre el que se apoya el sistema: otros aspectos como la tradición participativa de la sociedad –en este sentido, EEUU también nos saca cierta ventaja- y el sentimiento de pertenencia a una comunidad son fundamentales.

Sin embargo, no creo que las diferencias culturales entre uno y otro país sean tan definitivas como la coyuntura económica. En la actual crisis, un país como España debe buscar alternativas para seguir adelante y, en este sentido, la microfinanciación de proyectos se presenta como una muy buena solución para las necesidades de financiación de muchos emprendedores.


¿Recomendarías a un emprendedor a que acudiese a esta vía de financiación?

Como hemos explicado antes, en muchas ocasiones resulta más fácil encontrar 1000 pequeños inversores que un gran business angel que crea en tu proyecto.

Si a esto le sumas que la microfinanciación obliga a los gestores de proyectos a establecer una visión estratégica, a escalar su desarrollo en fases y a compartir una parte de ese proceso con el público al que está destinado, los riesgos se minimizan.

Desde luego, se trata de una gran oportunidad para testear nuevos productos o servicios con un público real antes de lanzarnos al mercado de un modo masivo.


¿Y por qué recomendarías a un microinversor arriesgar sus ahorros en ideas de los demás que pueden triunfar o fracasar?

La imagen del inversor tradicional no tiene sentido en el ámbito de la microfinanciación, puesto que las aportaciones recibidas por un proyecto pueden abarcar un rango desde 1 € hasta, como mucho, 1000 €. No se puede hablar de riesgo en la inversión.


¿Cómo participa el inversor en las decisiones de la empresa?

Existen muy diversos modelos para recompensar a tus microfinanciadores, casi tantos como proyectos en búsqueda de financiación existen. Algunos ofrecen pequeños porcentajes del beneficio económico del proyecto a sus microinversores, siempre en relación a la cantidad de dinero aportada. Otros ofrecen descuentos, un acceso privilegiado al producto o servicio final o bien reconocimiento y una oportunidad de prestigio.

Lo que está claro es que hay que ser creativos en la forma de recompensar a nuestros microfinanciadores y tener en cuenta que no es lo mismo recibir una aportación de 1€ que de 1000 €.

Es necesario diferenciar entre inversores y microinversores. Un inversor tradicional busca por encima de todo la rentabilidad de su inversión, dado que es de una cuantía muy elevada. El microinversor no espera tanto un rédito económico a cambio de los 10 euros que invierte como la oportunidad de recibir el producto antes del resto o, por ejemplo, de aparecer en los títulos de crédito de una película en la que ha participado.