domingo, 2 de septiembre de 2012

INCENDIOS FORESTALES: EL COSTE DE NO ACTUAR.



Los incendios forestales constituyen uno de los problemas ambientales más graves del Estado español al ser una de las principales causas de degradación del medio natural. La cantidad de incendios forestales y de superficie quemada anualmente rebasa la capacidad de regeneración natural, por lo que sus consecuencias a medio y largo plazo resultan preocupantes.


CONSECUENCIAS DE LOS INCENDIOS FORESTALES

El problema de los incendios forestales reviste una gravedad extrema, tanto por su magnitud como por las consecuencias que de ellos se derivan. Los incendios forestales, aparte de producir enormes daños ambientales por la destrucción de la cubierta vegetal, la muerte o huida de miles de animales, la pérdida de suelo fértil y el avance de la erosión y la emisión de gases de efecto invernadero; suponen también todos los años la pérdida de vidas humanas y grandes daños en explotaciones, cultivos y viviendas. Las pérdidas económicas y las fuertes inversiones necesarias para paliar los efectos de los incendios son otras de las consecuencias.

A continuación se describen con más detalle las principales consecuencias de los incendios.

CONSECUENCIAS AMBIENTALES
Destrucción de la masa vegetal, desaparición de ecosistemas, pérdida y/o emigración de fauna, procesos erosivos, alteración del ciclo hídrico, aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera y desertificación.

CONSECUENCIAS SOCIALES
Además de las consecuencias ambientales, los incendios, tienen una importante y negativa repercusión social. El trabajo de extinción de incendios forestales es una actividad de riesgo que todos los años es causa de accidentes mortales. El riesgo del personal que interviene en la extinción es generalmente alto, como consecuencia del elevado número de incendios que se producen y, sobre todo, como consecuencia de las condiciones extremas en que se desarrolla su trabajo.

En general, los accidentes mortales del personal que interviene en la extinción se pueden clasificar en cinco grupos según la causa a la que pueden ser atribuidos.

- Accidente de los medios aéreos empleados en la extinción o el transporte delos combatientes.
- Accidentes por deficiente preparación física de los combatientes.
- Accidentes por la no-utilización del equipo personal de protección o por su utilización incorrecta.
- Accidentes por desconocimiento del comportamiento del fuego
- Accidentes por desconocimiento del terreno.

CONSECUENCIAS ECONÓMICAS
A las consecuencias ambientales y sociales de un incendio, hay que añadir toda una serie de implicaciones más o menos cuantificables de orden económico. Después de un incendio, se produce la pérdida de importantes recursos naturales directos e indirectos. Para estimar estas pérdidas económicas se valoran las pérdidas en productos primarios como productos maderables, leñas, corcho, resinas, frutos, pastos, caza y pesca. A partir de los años setenta, además, se introdujeron metodologías para evaluar las pérdidas en beneficios ambientales tales como, la desaparición de los valores protectores del monte y la pérdida de valores recreativos.


PRINCIPALES CAUSAS DE LOS INCENDIOS FORESTALES
Las causas de los incendios forestales se dividen en dos grandes grupos: causas estructurales e inmediatas.

Se suelen denominar causas estructurales de los incendios forestales los factores que pueden influir de manera importante en el comportamiento y propagación de éstos. Estas causas estructurales dependen de factores intrínsecos del propio medio natural y/o del entorno socioeconómico. Las principales causas estructurales son:

- Las condiciones climatológicas: largos periodos de sequía y de altas temperaturas.
- Características de la vegetación: alto grado de combustibilidad e inflamabilidad.
- Condiciones orográficas del terreno: terrenos en pendientes con dificultades de accesibilidad en determinados casos.
- Uso indebido del fuego: práctica habitual para eliminación de residuos en las actividades agrarias y forestales, entre otros usos de riesgo.
- Dispersión territorial: presencia de núcleos de población insertadas en el medio natural o en sus proximidades.
- Estacionalidad de los incendios forestales: el hecho de que los incendios se produzcan principalmente en los meses estivales dificulta el mantenimiento del operativo de lucha contra incendios.

Las causas inmediatas son aquellas que provocan el inicio del fuego y son debidas a agentes naturales o al comportamiento humano. Las causas inmediatas se pueden clasificar en intencionadas, negligencias, otras causas, y naturales.

A continuación se estudian las principales motivaciones de los incendios forestales.

- Quemas agrícolas.
- Quemas para obtención de pastos.
- Pirómanos.
- Rayos (causas naturales).
- Reproducción de incendios controlados y aparentemente extinguidos.
- Fumadores (colillas).
- Caza (provocados para facilitar la caza
- Trabajos forestales
- Motores y máquinas
- Otras causas
       - Quema de basuras y escapes de vertederos.
       - Hogueras.
       - Venganzas.
       - Vandalismo.
       - Incendios de masas forestales con el fin de obtener madera a bajo precio.
      - Obtención de la recalificación urbanística de suelos que por su valor natural se mantienen con la calificación de suelo no urbanizable.
       - Obtención de la modificación en el uso de suelo (de forestal a agrícola).
       - Disensiones en cuanto a la titularidad de los montes públicos o privados.

A pesar de constituir un porcentaje reducido dentro del número total de incendios con motivo conocido (19,12%), en determinadas áreas han sido causa de importantes incendios. Ése es el caso de varios de los graves incendios que durante años se produjeron en algunas áreas de la Sierra de Gredos y aledaños, cuyo objetivo evidente era la obtención de madera a bajo precio.

El intento de conseguir la modificación de uso de suelo forestal a agrícola para cultivar en terrenos, en muchas ocasiones de alto valor ecológico, es otro de los motivos que llevan a quemar los montes. En este caso hay que destacar la reconversión de antiguos terrenos forestales a agrícolas en el País Valenciano y Murcia. Los nuevos terrenos agrícolas se cubren de cultivos de cítricos que incluso reciben subvenciones oficiales para instalar el riego por goteo y el injerto de variedades resistentes al virus de la tristeza. Ninguna de estas nuevas plantaciones sobre terrenos quemados se ha llegado a paralizar, a pesar de que la producción de cítricos es excedentaria.

En Extremadura, zonas forestales quemadas durante los incendios de 2003 se han convertido en cultivos de cerezos.

Asimismo, los motivos urbanísticos han sido también la causa de algunos incendios en la Comunidad de Madrid, especialmente durante la década de los ochenta y mitad de los noventa. Algo similar ha ocurrido, y por desgracia todavía sigue ocurriendo, en algunos puntos de la costa mediterránea donde existe una intensa presión urbanística.

En este aspecto, se da la circunstancia de que el complejo turístico Terra Mítica está construido sobre antiguos terrenos forestales que ardieron en Benidorm. Igualmente, terrenos urbanizados en Marbella, como es la zona de Elviria, sufrieron reiterados incendios.


PROPUESTAS PARA EVITAR LOS INCENDIOS FORESTALES

La mayoría de las actuaciones englobadas dentro del término prevención no son preventivas, ya que no inciden sobre las causas de los incendios. La verdadera prevención consiste en evitar las causas que originan los incendios, no extinguir los incendios ya generados. Cuando el 80% de los incendios tienen su origen en causas humanas, la prevención estriba en conocer el origen de los incendios, actuar sobre las causas que los motivan y así evitar que se produzcan, y sancionar a los responsables de acuerdo a la gravedad del siniestro.

Para atajar las causas, es necesario conocer en cada zona cuales son los principales motivos por los que se queman los montes. Por ello, las diferentes administraciones competentes deberían dotar de los medios económicos y humanos a los cuerpos que se encargan de estas tareas, básicamente el Servicio de Protección de la Naturaleza de la Guardia Civil (Seprona), los agentes forestales-medioambientales y, en algunas zonas, la policía autonómica. Asimismo, debería incentivarse la formación de los agentes encargados de la investigación a través de cursos de formación.

Es imprescindible que exista una auténtica colaboración y cooperación entre las diferentes administraciones y cuerpos competentes en la investigación de las causas para optimizar al máximo los resultados.

A continuación se desarrollan las medidas que para cada causa de incendios sería necesario adoptar:

INCENDIOS INTENCIONADOS
La intencionalidad incluye tanto la acción dolosa como la culposa del causante y, por ello, se incluyen en este apartado las quemas agrícolas de eliminación de matorral y de regeneración de pastos sin autorización que se dejan arder de forma incontrolada, abandonando el causante el lugar, y pasan al monte, aunque no sea intención del autor hacer daño en otros terrenos forestales.

Quemas agrícolas
En el caso de quemas agrícolas, hay que tener presente que desde el punto de vista agronómico no son necesarias y que incluso son ambientalmente negativas, al deteriorar progresivamente la calidad edáfica del suelo. Para impedir la lacra ambiental y económica que supone esta práctica, las Administraciones ambientales deberían prohibir, durante todo el año, las quemas con fines agrícolas. Al mismo tiempo, la Administración ambiental competente, sobre la base de la protección y recuperación del suelo y, por tanto, por motivos ambientales, debería prohibir el cultivo en la zona agrícola quemada durante un período de cinco años, especialmente cuando se ha producido reincidencia, al incrementarse el daño ambiental. Igualmente podría retirar cualquier tipo de subvención que se viniera concediendo a las explotaciones, sobre todo en casos de reincidencia.

Como alternativa a la quema agrícola la administración debería fomentar el astillado de los restos de las podas para producir serrín. Este material sería muy apropiado para distribuirlo en los campos de cultivo e incrementar a medio plazo el contenido de materia orgánica y por lo tanto su productividad. La Administración debería estudiar la posibilidad de subvencionar, tanto a grupos de agricultores que no formen entidad jurídica como a cooperativas, la compra de la maquinaria necesaria.

Con respecto a las pajas del cereal, arroz o maíz cultivados habría que fomentar su empleo por la industria, como ya se hace en el Delta del Ebro en Cataluña. El volteo en el terreno de los restos de cereal, sería otra alternativa. Esta práctica aporta materia orgánica, sobre todo en suelos que durante años se han fertilizado con abonos inorgánicos pudiendo llevar a una excesiva mineralización de la tierra.

Este tipo de prácticas alternativas se deberían tener en cuenta a la hora de priorizar la concesión de cualquier tipo de ayuda y subvención.

Quemas para obtención de pastos
Similares medidas deberían tomarse para evitar las quemas para obtención de pastos. Las Administraciones ambientales deberían prohibir, durante todo el año, las quemas con fines de obtención de pastos. Asimismo, la Administración ambiental competente, con la finalidad de favorecer la recuperación de la cubierta vegetal y la protección del suelo frente a procesos erosivos, y por tanto también por motivos ambientales, debería prohibir el pastoreo en la zona quemada hasta un período de diez años o, en su defecto, el periodo de tiempo que se considere necesario para conseguir una recuperación adecuada de la cubierta vegetal natural.

La Administración competente debería fomentar prácticas alternativas para la regeneración de pastos, como los desbroces mecánicos, y otras medidas que promocionasen un aprovechamiento ganadero sostenible con el medio. Para ello, entre otros aspectos habría que promover el desarrollo de razas autóctonas más rústicas y menos exigentes, realizar estudios de carga ganadera, especialmente en las zonas de mayor sensibilidad ecológica, así como diversificar la cabaña ganadera. Las concesiones de ayudas y subvenciones, igual que en el caso anterior, deberían priorizar que la actividad ganadera garantice la conservación del medio.

Pirómanos
Aproximadamente el 14% de los incendios intencionados se atribuyen a pirómanos. Se debe entender por pirómano aquella persona que por alguna alteración patológica se ve empujado a prender fuego al monte. Estas personas deben ser tratadas por especialistas en centros adecuados y, en cualquier caso, continuar el tratamiento hasta que su curación sea completa y no exista, por tanto, riesgo de que vuelvan a provocar nuevos incendios. No hay que olvidar que se han producido numerosos casos de reincidencia.

Caza
Para evitar los incendios producidos para facilitar la caza, las Administraciones ambientales deberían prohibir la caza en los terrenos libres. En el caso de los cotos privados, la Administración ambiental competente, con el fin de favorecer la recuperación de la fauna afectada por el incendio, y por tanto por motivos meramente ambientales, debería poder prohibir la caza en la zona quemada por un periodo de hasta diez años.

Incendios de masas forestales con el fin de obtener luego la madera a bajo precio.
Con el fin de evitar que se produzcan este tipo de incendios, las Administraciones ambientales deberían proceder a la expropiación inmediata de la madera quemada a precio de coste, cediéndosela a su vez a una empresa pública para su transformación. De esta manera, esta causa que en determinadas áreas y momentos puede ser el origen de importantes incendios, desaparecería por completo.

Especulación urbanística
Con el fin de evitar que se produzcan incendios cuya finalidad es reducir el valor ambiental de una zona, para poder conseguir después más fácilmente su recalificación a suelo urbanizable, deberían adoptarse medidas para evitar que esto se produzca, aunque sin perjudicar a personas propietarias de esos terrenos y que no tengan nada que ver con el incendio, ya que puede suceder que alguien lo haya producido con el fin de perjudicarles.
Para ello, se considera adecuada la norma establecida en la Comunidad de Madrid, que determina que cualquier reclasificación de suelo que se haya visto afectado por un incendio durante los treinta años siguientes al mismo deberá ser aprobada por el Parlamento Regional. Ello permite examinar con detalle caso por caso, y adoptar las medidas que se consideren adecuadas. La adopción de esta medida en la Comunidad de Madrid, en vigor desde hace varios años, ha sido bastante positiva, habiéndose reducido sustancialmente en los últimos años los incendios con fines urbanísticos en esta Región. En este mismo sentido, y puesto que la Ley de Montes prohíbe la reclasificación de terrenos afectados por incendios forestales durante treinta años, deberían fomentarse las bases de datos de zonas incendiadas basadas en Sistemas de Información Geográfica (S.I.G.) para que fueran vinculantes en la elaboración de los planes urbanísticos y de ordenación del territorio.

Por otro lado, en los últimos veinte años, la frenética expansión y desarrollo de zonas residenciales en terrenos forestales (la denominada interfaz urbano-forestal), hasta entonces sin habitar, se está configurando como un importante agente productor de incendios forestales, especialmente en las zonas próximas a las grandes urbes y en las zonas costeras. La construcción de infraestructuras que requieren estos asentamientos (líneas eléctricas, carreteras, ferrocarriles, basureros) o la simple presencia humana (fumadores, hogueras, juegos) son las principales causas desencadenantes de los siniestros en estas áreas. Sin olvidar que estos asentamientos son tremendamente vulnerables en caso de incendio obligando a los medios de extinción a concentrarse en la protección de las viviendas a costa de abandonar la defensa del medio natural. Todo esto retrasa enormemente el control de los incendios, supone que aumente la superficie afectada y el riesgo de destrucción de casas y de víctimas humanas entre los residentes.
Por todo ello, las Administraciones deberían restringir e incluso prohibir estos desarrollos urbanísticos obligando a los ya existentes a adoptar las medidas preventivas adecuadas tales como Planes de Emergencia y Autoprotección frente a incendios forestales que incluyen medidas como las existencia de hidrantes homologados en las calles, depósitos de agua accesibles a los vehículos de extinción, anchura de las calles suficiente para permitir la circulación de vehículos de emergencia, fajas perimetrales de seguridad, etc.

Cambio de uso de suelo
Para evitar los incendios que persiguen el cambio de uso de suelo proponemos, al igual que en el caso anterior, el fomento de registros infográficos de zonas incendiadas y que cualquier cambio de uso que se solicite en un área que ha sido afectada por un incendio, en los treinta años siguientes al mismo, deba ser aprobado por el Parlamento de esa Comunidad Autónoma.


NEGLIGENCIAS
Otra de las causas importantes de incendios forestales es lo que se conoce como negligencias. Dentro de este término se incluyen trabajos forestales, hogueras, fumadores, quema de basuras y escape de vertederos, e incendios causados por quemas con fines agrícolas y para obtención de pastos, autorizadas, y supuestamente controladas, que escapan del control. En el caso de incendios causados por quemas autorizadas con fines agrícolas o de obtención de pastos, dicho riesgo desaparece con la adopción de las medidas descritas en el apartado anterior.
A continuación, pasamos a enumerar algunas medidas que consideramos deberían adoptarse para conseguir reducir el número de incendios producidos por negligencias.

Trabajos forestales
En relación con los trabajos forestales, las Administraciones ambientales deberían prohibir cualquier tipo de trabajo forestal que entrañe peligro de incendio durante los períodos de riesgo. En caso de llevarse a cabo, la responsabilidad debería recaer sobre el máximo responsable que autorice los trabajos.

Hogueras
Las Administraciones ambientales deberían prohibir durante todo el año hacer fuego en el campo, salvo en zonas acondicionadas por esa misma administración con cocinas o barbacoas y en dichas zonas en el período de máximo riesgo. Además, tendrían que ser objeto de revisión todos los años para comprobar que cumplen las condiciones adecuadas para su uso.

Lanzamiento de cigarrillos desde vehículos
El lanzamiento de cigarrillos desde vehículos es también una causa frecuente de incendios, especialmente en zonas bastante pobladas. Con el fin de paliar esta situación, la administración competente debería sancionar este tipo de prácticas y mantener los márgenes de las carreteras debidamente desbrozados por medios mecánicos y limpios de residuos. Asimismo, debería ir acompañado de una intensa campaña de sensibilización ciudadana a través de los medios de comunicación, insistiendo en que no deben arrojarse colillas desde los coches en ninguna época del año.

Quema de basuras y vertederos
Las Administraciones ambientales deberían prohibir las quemas de basuras pues, aparte de suponer la emisión de gases contaminantes y tóxicos a la atmósfera, los vertederos son todos los años causa de incendios. Consideramos que las Administraciones ambientales competentes deberían sancionar esta actividad, haciendo responsables a los titulares de los vertederos, que en una buena parte de los casos suelen ser los ayuntamientos.

OTRAS CAUSAS
Un pequeño porcentaje, alrededor del 6%, se debe a lo que se conoce como otras causas.

El origen de estos incendios está en los ferrocarriles, líneas eléctricas, motores y máquinas, maniobras militares, etc.
En estos casos, las Administraciones ambientales deberían actuar sobre las entidades responsables como pueden ser ADIF (antes RENFE), las compañías eléctricas o el Ministerio de Defensa.

EXTINCIÓN DE INCENDIOS
Aunque el mayor esfuerzo por parte de la administración debe invertirse en evitar que un incendio forestal se inicie, una vez declarado el incendio todo queda en manos de los equipos de extinción. En este aspecto, consideramos que estas tareas requieren importantes mejoras.

Es necesario que la actividad de extinción de incendios se profesionalice y especialice.
Para ello, sería necesario contar con personal fijo. Este personal debe poseer un buen conocimiento del comportamiento del fuego, basado en información sobre los combustibles forestales y sobre las características topográficas de la zona, así como un perfecto conocimiento de las técnicas y herramientas de extinción propias de los incendios forestales.

ACTUACIONES A LLEVAR A CABO TRAS UN INCENDIO.
Resulta prioritario, una vez que el incendio está controlado, incluso antes de estar extinguido del todo empezar las tareas de investigación de la causa o causas que han provocado el incendio, y la búsqueda de los presuntos responsables, en el caso de que haya sido intencionado. Estas actuaciones son fundamentales para conocer las verdaderas causas de los incendios, prevenir adecuadamente su recurrencia y acabar con la impunidad que los incendiarios pudieran tener.

Después de esto, las actuaciones tras un incendio deben centrarse en frenar la erosión que se produce tras la desaparición de la cubierta vegetal y la llegada de las lluvias. Para ello sería conveniente crear fajinas, con restos procedentes del propio incendio, paralelas a las curvas de nivel. Además, si fuera necesario retirar la madera quemada para evitar plagas que afecten al resto de la masa.

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