martes, 18 de septiembre de 2012

LISTAS CERRADAS DESBLOQUEADAS SI, ABIERTAS NO




Aunque en otras ocasiones ya he explicado el sistema electoral español, daremos un pequeño repaso previo.
En cuanto al Congreso, tenemos un total de 350 diputados. Se asignan uno a Ceuta, otro a Melilla y dos a cada una de las 50 provincias.  Los 248 restantes se reparten entre todas las provincias en función de su población, aplicando el método Hare (sistema "proporcional" corregido que sobrerrepresenta a las provincias menos pobladas).
Una  vez obtenido el resultado electoral en términos absolutos, se reparten  los escaños de cada provincia, usando el método D'Hondt, entre los partidos que han superado el 3% de los votos válidos emitidos en cada una.
El sistema es parecido en el resto de elecciones en España.
Elecciones locales: Circunscripción única y barrera del 5%,
Elecciones Regionales: Cada Comunidad Autónoma fija su barrera porcentual mínima y las circunscripciones son las provincias, salvo en Asturias que se divide en 3, en Murcia que se divide en 5 y en los archipiélagos donde las circunscripciones son las islas
Y Elecciones Europeas: Se reparten los escaños asignados a España, fueron 50 en las elecciones de 2009, en circunscripción única y sin barrera electoral.
En todos los casos las listas son bloqueadas y se usa Hare para repartir los escaños entre las circunscripciones (si hay más de una), después de dar un mínimo inicial a cada una y D'Hondt para repartir los escaños entre los partidos en cada circunscripción. 
En cambio, el Senado español utiliza un sistema electoral completamente distinto al de las 4 elecciones descritas. Se reparte 1 escaño en la agrupación de Ibiza y Formentera y en cada una de las islas pequeñas (Menorca, la Palma, el Hierro, la Gomera, Fuerteventura y Lanzarote), 2 escaños en cada una de las Ciudades Autónomas (Ceuta y Melilla), 3 escaños en cada una de las islas grandes (Gran Canaria, Tenerife y Mallorca) y 4 escaños en cada provincia peninsular. Se llevan los escaños de cada circunscripción los candidatos más votados en la misma.
Para la votación de candidatos en cada circunscripción se utilizan listas abiertas, es decir, el elector puede votar a los candidatos de su preferencia sin importar su partido (en la práctica es como si todos los candidatos se presentaran por libre), dispone de tantos votos como escaños se repartan en su circunscripción electoral (en el caso de que sean 1 ó 2) o uno menos (en caso de que sean 3 ó 4) para permitir que una opción minoritaria obtenga representación.
En general, en una votación en que se han de elegir varios candidatos, las listas pueden ser bloqueadas, desbloqueadas o abiertas. Son bloqueadas cuando el votante debe elegir una de las listas de candidatos presentadas, sin poder alterar la composición de la lista ni el orden de los candidatos; son desbloqueadas cuando el votante debe elegir una lista pero puede alterar el orden de elección de los candidatos (votando a uno o varios de ellos u otorgando votos negativos a los que le disgusten) y son abiertas cuando el votante debe elegir un número de candidatos sin importar en qué lista esté cada uno o en qué orden. Los dos primeros tipos reciben el nombre genérico de listas cerradas (al no ser abiertas).
Las listas abiertas o elección independiente de los candidatos cobra sentido (incluso es el único sistema posible) cuando los candidatos son independientes unos de otros y no tiene sentido su agrupación por la naturaleza de los cargos en elección (los jueces de un tribunal, los 5 mejores economistas de la historia, Miss o Mister Universo, candidatos a diputados en unas primarias salvo que se trate de una coalición de partidos donde realmente haya corrientes diferenciadas, el concurso de Eurovisión...), pero en el caso de que los candidatos semejantes (los que tengan el mismo programa electoral, por ejemplo) deban agruparse para no obstaculizarse entre ellos, las listas abiertas pierden el sentido. Una vez que el elector se ha decantado por un programa (o conjunto de ideas) frente a otros, no tiene mucho sentido que pueda elegir a un defensor de esas ideas y otros en desacuerdo con ellas. En este sentido, parecen más lógicas las listas desbloqueadas, para seleccionar favoritos dentro del grupo elegido.
El motivo principal por el que suelen adoptarse las listas abiertas es porque permiten implantar un sistema mayoritario (no proporcional) que goce de la simpatía de los votantes. Sin embargo, los resultados de las elecciones al Senado confirman lo dicho anteriormente, una vez que el votante ha elegido un partido, ideología y programa ante otros, vota a candidatos de ese partido, todos los candidatos que puede (salvo enemistad con alguno de ellos); por lo que en las provincias peninsulares, por ejemplo, el votante de un partido mayoritario votará a los 3 candidatos que presenta el partido (no presentan más por miedo a que los votos se dispersen demasiado) y supone (salvo casos muy raros) que el partido más votado en las elecciones al Congreso (siempre se han celebrado a la vez) recibe 3 escaños en el Senado y el segundo partido recibe 1 (sale elegido el más carismático de los 3 candidatos).
Los partidos minoritarios, conscientes de que no llegarán a ser el partido más votado, suelen presentar 1 candidato al Senado en las provincias peninsulares (en raras ocasiones 2) con la esperanza de que algunos votantes usen sus 3 votos en 3 candidaturas minoritarias distintas, por si la suma de los votantes de varios partidos logra superar a los del segundo partido y pueden llevarse alguno de ellos el cuarto escaño.

Un ejemplo a medias de esta estrategia es la del pacto tripartito Entesa Catalana de Progrés, compuesto por PSC, ICV y EUiA en las elecciones de 2011 y PSC, ICV y ERC en las elecciones de 2008, cada uno de los partidos aporta un candidato con la intención de que la suma de los votos de todos ellos les convierta en los más votados (superando a CiU) y puedan llevarse los 3 escaños (1 para cada partido) en vez de competir entre ellos por el segundo puesto y llevarse 1.

Una forma de evitar que las listas abiertas se conviertan en un sistema mayoritario es tener en cuenta la lista a la que pertenecen los candidatos durante el recuento para hacer un reparto proporcional a los votos de cada lista (la suma de los votos de todos los integrantes de ella), adjudicando luego los escaños de cada lista a los más votados de la misma, lo que sería en la práctica un sistema de listas desbloqueadas.

Por tanto la fórmula para evitar que la dirección de los partidos no manipulen en su provecho el orden de los candidatos, no pasa, desde luego, por adoptar listas abiertas y desbloqueadas, por la sencilla razón de que este sistema, como hemos visto, ya lo tenemos en España y no sirve de nada.

En España se votan partidos y no personas, y, de este modo, cuando un elector escoge a tres candidatos para el Senado, en la inmensa mayoría de los casos, como está suficientemente demostrado, se decide por los tres de un mismo partido. Esto es así y no cabe lamentarse.

Pero es más, suponiendo que se adoptase el sistema de listas desbloqueadas para el Congreso –dejando de lado las listas abiertas, que conducirían a un parlamento ingobernable-, es decir, a un sistema en que se permitiese al elector rayar o alterar el orden de los candidatos, estaríamos ante un método que en Italia se llamó "voto preferencial" y que condujo a una corrupción generalizada, porque los candidatos mal situados en una lista ofrecían beneficios a los electores a cambio de su voto.

En consecuencia, sería peor el remedio que la enfermedad. Queramos o no, las cosas son así, porque la forma más fácil de identificarse el elector con el elegible es a través de un partido, incluido en las elecciones de los senadores.

De ahí que en contra de la lógica de este sistema, el Tribunal Constitucional, en una desgraciada sentencia, se pronunció por la idea de que el escaño "pertenece" a la persona elegida dentro de la lista de un partido, y no a éste, abriendo así la puerta a la corrupción a través del transfuguismo.

Pero ese es otro cantar. Si se quiere favorecer la democracia no es conveniente solicitar las listas abiertas y desbloqueadas, sino pedir la democracia interna en los partidos, como exige la Constitución.

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NOTA ACLARATORIA: SISTEMA PROPORCIONAL vs SISTEMA MAYORITARIO

En el sistema electoral proporcional, el número de diputados que obtiene un partido trata de ser lo más parecido posible al número de votos obtenidos. Esto es: si un partido obtiene el 20% de los votos, obtiene aproximadamente el 20% de los escaños. En casi ningún país, que yo sepa, se utiliza un sistema proporcional puro, sino modificaciones del mismo para hacer más fácil obtener mayorías. En España se utiliza, concretamente, el método d’Hont.

En un sistema electoral mayoritario, el país suele estar dividido en distritos electorales en cada uno de los cuales se eligen representantes. El partido o candidato más votado es el elegido y los demás no obtienen representación alguna.

Ninguno de los dos sistemas es fetén. Ambos tienen ventajas e inconvenientes. El sistema proporcional parece, a priori, mejor ya que intenta reflejar el resultado de las elecciones y trata de reproducir mejor la voluntad del pueblo. Sin embargo, la cosa no es así: los partidos grandes pocas veces tienen mayoría suficiente y necesitan de partidos bisagra pilotados por minorías que imponen sus criterios en el gobierno a cambio del apoyo que éste necesita.

El sistema mayoritario tiene la ventaja de que la opción más votada es la ganadora siempre. La principal desventaja de este sistema es que una parte de la población se queda fuera del sistema, porque las opciones minoritarias no tienen posibilidades de gobernar ni de influir. Esto hace que este sistema tienda fuertemente al bipartidismo.

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