martes, 13 de noviembre de 2012

ESPAÑA ES RACISTA: 20 AÑOS SIN LUCRECIA



Hace 20 años un grupo de jóvenes de extrema derecha asesinaron a Lucrecia Pérez, una mujer de origen dominicano que vivía en el madrileño barrio de Aravaca. Aquel 13 de noviembre los disparos que salieron de la pistola reglamentaria de uno de los asesinos, Guardia Civil de profesión, recordaron a España que la xenofobia y el fascismo no habían terminado con el final de la dictadura. Fue el primer asesinato racista de la democracia y dos décadas después algunas de las causas que llevaron al trágico suceso siguen latentes en la sociedad española.

En 1992 tampoco se reconocía que existiera el caldo de cultivo propicio y tuvo que llegar el asesinato de Lucrecia para que el país se diera cuenta del peligro de los movimientos ultraderechistas y fascistas.

El racismo y la xenofobia siguen viviendo en España.

Tras el asesinato de Lucrecia, hubo una gran movilización social en todo el país que, por primera vez, puso sobre la mesa el peligro de estos grupos neonazis y las agresiones a inmigrantes. Sin embargo, en este tiempo la cuestión se ha ido olvidando y en los últimos años hemos visto como estos grupos han vuelto a crecer. Al mismo tiempo, también ha crecido la inmigración.

En estos 20 años el fenómeno de la inmigración ha crecido de forma espectacular. En 2002 había 39.000 inmigrantes en España, que suponían un 1% de la población, y hoy son más de 5.700.000, alrededor de un 12%, sin contar con los indocumentados.

El racismo y las agresiones se han incrementado, pero no en la misma proporción que la inmigración De media, la violencia xenófoba se ha incrementado un 5% en estas dos décadas, mientras que la inmigración ha crecido un 20%.

Los inmigrantes no se sienten representados y en muchas ocasiones resulta muy difícil tender puentes. Esto se debe a las políticas de exclusión social, que les aparan y les marginan. Por eso, sus luchas también son las nuestras.

Después del asesinato de Lucrecia y con la reacción posterior hubo varias redadas de grupos neonazis y su presencia disminuyó. Pero en los últimos años, especialmente desde el comienzo de la crisis, estos movimientos han vuelto a crecer. Al mismo tiempo, han incrementado su presencia en Internet y están más organizados políticamente. Según los datos facilitados, si en 1992 existían 200 páginas web racistas, hoy superan las 2.000. También han aumentado los conciertos y los espacios donde jóvenes extremistas se reúnen.

La crisis es el caldo de cultivo idóneo para el crecimiento de los movimientos neonazis.

Si hace dos décadas apenas contaban con organizaciones estables, hoy estos movimientos tienen partidos como España 2000, Plataforma per Catalunya o Democracia Nacional. Aunque de momento no hayan conseguido representación en las cámaras estatales o autonómicas, están ganando apoyo en ayuntamientos. Ejemplos de esta tendencia son la localidad catalana de Vic, con la presencia de Josep Anglada de PxC , o Alcalá de Henares en Madrid, donde en las últimas elecciones se coló España 2000, que ya contaba con concejales en localidades de Castellón y Valencia.

La crisis aporta un clima muy peligroso, porque estos movimientos neonazis y fascistas se alimentan de las clases medias bajas y obreras por la competencia con los inmigrantes.

Como ejemplo, tenemos lo que está ocurriendo en Grecia con el partido de extrema derecha Amanecer Dorado, al que las últimas encuestas sitúan como tercera fuerza del país.

Más allá del peligro social que representan estos grupos neonazis, hay que denunciar el "racismo institucional" que se está instalando en España, fundamentalmente a través de los recortes sociales que se están llevando a cabo desde el comienzo de la crisis económica. En este sentido, podemos apuntar como ejemplo el último decreto de Sanidad, "que deja de ser universal y expulsa a los inmigrantes del sistema".

Estas políticas racistas se materializan también en "más redadas, más expulsiones y más hostigamiento por parte de las autoridades en las calles". La situación es realmente preocupante.

Por eso, el recuerdo del crimen racista en Aravaca es una ocasión para estar en guardia y prevenir. Y a la hora de evitar que el racismo se extienda y que la sociedad mire para otro lado ante estos crímenes, la educación y los medios de comunicación tienen un papel fundamental.
 JPMM